La familia García Carrillo vive su peor tragedia tras alud en Huehuetenango

La tragedia en San Pedro Soloma deja desolación en la comunidad de Chiantla, Huehuetenango.

Por Juan Carlos Ramírez

El martes, Alicio García se levantó a las 3 de la mañana junto con su esposa, Aura Carrillo, y sus seis hijos. Elvira, de 11, estaba emocionada de regresar a la escuela en la aldea Quilinco, en Chiantla, porque le gustaba estudiar. Su sueño era ser maestra.

Aunque los esposos García Carillo nacieron y viven en Quilinco, desde hace seis años se propusieron una meta que era construir “una casa bonita”, según Alicio. Para eso, se dedicaron a comprar y vender fruta en San Pedro Soloma, Huehuetenango. La pareja se turnaba para cuidar el negocio, a veces se quedaba solo él y a veces ella. Los fines de semana las niñas los ayudaban a cargar el productor o a despachar.

La familia tenía claro su objetivo. En su comunidad eran reconocidos por ser luchadores. La realidad que querían cambiar era un cuarto de aproximadamente cuatro por cuatro metros, de dos ambientes, donde vivían los ocho.

Dolor embarga a la familia García Carrillo

Ese martes, el microbús que abordó Aura, junto con sus hijas Mayra, de 18 años; Elvira, de 11; Fernanda, de 5; Alicio David, de 6 meses; Leidi Alicia, de 9; y Mariola, de 3; salió a las 4:30 horas del parque de San Pedro Soloma hacia la cabecera de Huehuetenango. Alicio siguió con sus actividades y dos horas después se enteró de que toneladas de tierra habían caído sobre un autobús, un microbús y un camión.

Al enterarse comenzó a llamar a su esposa al teléfono celular una y otra vez. Al no tener respuesta temió lo peor. “Vi el deslave, las llamé y llamé y nada, después tuve que ir a ver con mis propios ojos lo que había ocurrido”, recordó.

Cuando llegó, los socorristas y los vecinos habían extraído a las víctimas y él seguía sin saber qué había pasado, nadie le daba información clara, escuchó rumores de que había sobrevivientes. No contento, buscó entre el microbús y en medio de lodo vio un par de zapatos. De inmediato los reconoció, era el de Aura.

Alicio, cada vez con menos esperanza, llegó al centro de salud de San Pedro Soloma. Lloró al comprobar que su esposa y cuatro de sus hijos, incluido el único varón, que lleva su nombre, habían muerto. Pero no todo era tragedia para él. “Sentí esperanza y alegría, sentía que Dios estaba conmigo”, dijo al explicar que Mariola y Leidi estaban vivas.

Solidaridad comunitaria

Veinticuatro horas después del alud los restos de Aura y sus cuatro hijos ya estaban en la casa de su padre en Quilinco. Los féretros, que eran dos forrados de tela y tres de madera con una plaqueta donde se observa la escena de la última cena, fueron colocados donde antes había leña. Ellos no tenían dinero para comprarlos, pero quienes los conocían en San Pedro Soloma hicieron una colecta y se los regalaron, además, les dieron el transporte en un camino en mal estado de aproximadamente cuatro horas.

Los conocidos de Aura y Alicio iban acongojados para dar el pésame. No iban con las manos vacías, pues llevaban maíz, frijol y azúcar, además de flores y velas. De distintas veredas salían familias enteras. El cantón Nuevo Progreso, de Quilinco, detuvo sus actividades por el funeral.

“Era agradable, no sentíamos el tiempo juntos”, comenta Alicio al hablar de los momentos que compartió con su esposa y seis hijos. Entre los sueños truncados está el de Elvira, quien estaba en quinto de primaria. Ella quería ser maestra. A él le queda apoyar a Leidi, sobreviviente, que le dijo que quiere ser enfermera.

El viudo asegura que no se detendrá en su lucha, aunque ahora si su compañera de vida y cuatro hijos, la tarea está cuesta arriba. “Papi, vamos a construir la casa”, le decían sus hijas ahora fallecidas.

“Si Dios toca sus corazones, lo que nos den será una bendición”, responde Alicio al preguntarle si necesita ayuda de alguna institución de gobierno.

 

“Siempre estarás en nuestros corazones. Nos gustaba cuando jugábamos, no te olvidaremos”. Mensaje de amigos de la escuela de Elvira

El número de las víctimas mortales sube a 12

  • Lucas Jesús Teodoro, un anciano de 94 años, se convirtió ayer en la víctima 12 del deslave en la cumbre Wachuná, en San Pedro Soloma, Huehuetenango. Teodoro resultó herido y fue trasladado a una clínica privada en Huehuetenango, luego de que un alud le cayó encima a su casa, a un camión, a un autobús y a un microbús. El cuerpo del anciano será velado por sus familiares y sus amigos en una vivienda cercana al lugar de la tragedia.

Daños por la lluvia

  • 87 incidentes se han registrado desde el viernes.
  • 57 mil 460 afectados ha habido desde que inició la temporada de lluvia, en mayo.
  • 15decesos han ocurrido, informó la Conred.
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