Pasó de estudiante ejemplar a descuartizador y fue condenado a 50 años de cárcel

Javier Méndez Ovalle, apodado como el "Descuartizador de Tlatelolco", pasará 50 años tras las rejas por el asesinato de una joven de 17 años.

Por Carlos Alfredo Ordoñez

El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México condenó a 50 años de prisión y al pago de 456 mil 85 pesos a Javier Méndez Ovalle, acusado de haber asesinado a una mujer en el año 2013, explicó Excelsior.

Javier Méndez Ovalle y Sandra Camacho Fotos: Twitter

La víctima, identificada como Sandra Camacho, de 17 años, fue golpeada y asesinada y posteriormente su cuerpo fue descuartizado y las partes depositadas en contenedores de basura.

Paralelo al macabro asesinato, el caso generó polémica ante la dramática e inesperada transformación que sufrió Méndez Ovalle, quien pasó de ser un estudiante ejemplar a convertirse en un criminal.

El acusado, quien ahora tiene 23 años, fue medalla de oro en la Olimpiada Nacional en 2011 y un año después obtuvo la medalla de bronce en las Olimpiadas de Física, en Estonia. Era calificado por los medios locales como un "genio matemático".

Fue detenido en 2014, en el municipio de San Juan del Río, Querétaro, donde trabajaba como mesero bajo el nombre falso de "José Carlos Méndez".

Ya apresado, admitió su responsabilidad y contó los perturbadores detalles del crimen:

Conoció a la víctima a través de las redes sociales. El 27 de junio de 2013 concretaron una reunión y fueron juntos a un centro comercial; entraron a una sala de cine y más tarde se dirigieron a su departamento en el edificio Presidente Juárez, en Tlatelolco, donde conversaron y tuvieron relaciones sexuales.

Acto seguido, Méndez Ovalle le comentó a la joven sobre su beca y un viaje que realizaría próximamente a Alemania, pero ella no le creyó. Esto lo molestó y discutieron hasta que él la empujó, provocando que ella se golpeara la cabeza.

"Cuando comenzó a gritar, la tomé por el cuello y la apreté. Finalmente, dejó de respirar sin que me diera cuenta".

Minutos después, tomó la decisión de seccionar el cuerpo para sacarlo durante la madrugada sin llamar la atención. Colocó los restos en bolsas que tiró a contenedores de basura de la unidad habitacional.

Antes de marcharse, limpió el departamento y fue a su casa de sus padres en Tecamac, Estado de México, donde tomó 200 pesos y después huyó, relató La Razón en una nota publicada hace tres años.

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