Afganas montan bicicletas como símbolo de libertad

La igualdad entre hombres y mujeres todavía es un sueño lejano y los conservadores no dan su brazo a torcer.

Por: Publinews

AFP AFP

PAGHMAN. Sentadas en el sillín, las mujeres afganas ignoran las miradas de reproche y los insultos de los hombres cuando pasan por la carretera saboreando algo tan sencillo como impensable para las generaciones anteriores: montar en bicicleta.

El equipo nacional afgano de ciclismo femenino decidió luchar contra los prejuicios de cara a los Juegos Olímpicos de 2020, pero también con el objetivo de convencer a las mujeres de que monten en bicicleta.

“Para nosotros, la bicicleta es el símbolo de la libertad”, estima Marjan Sidiqi, de 26 años, una de las ciclistas del equipo.

“No montamos en bicicleta para hacer política. Lo hacemos porque nos da la gana, porque nos gusta, porque si nuestros hermanos pueden, nosotras también”, afirma.

De mañanita, con pantalones deportivos, maillot y casco, Marjan y media docena de miembros del equipo, de entre 17 y 21 años, ponen rumbo desde Kabul hacia las montañas cercanas de Paghman.

Conscientes de que atraen miradas aviesas, circulan a la luz del alba entre colinas verdes, vergeles y carreteras bordeadas de árboles.

En el arcén de la carretera, un niño vestido con ropa tradicional las observa maravillado.

Pero un poco más lejos, un grupo de hombres barbudos a bordo de un minibús las miran con aire amenazador.

-“Mi hija está viviendo mi sueño”-

Las jóvenes siguen su ruta como si nada. Están acostumbradas a los insultos. “Putas”, “deshonráis a vuestras familias”, “volved a casa” son algunas de las palabras que más se repiten.

Pero el equipo, entrenado por la ciclista estadounidense Shannon Galpin, está curtido. Y a veces se topan con apoyos inesperados.

Vestida de negro de la cabeza a los pies, la madre de una de las ciclistas aparece en el recorrido por sorpresa para animar a su hija y a sus compañeras, aplaudiendo con un entusiasmo que no comparte toda la familia.

“Mi hija está viviendo mi sueño”, dice Maria Rasooli, la madre de Firoza, de 20 años, estudiante universitaria.

“Mis padres nunca me dejaron montar en bicicleta. No puedo permitir que esto se repita”, dice esta mujer, que se cuida junto con su marido de comentar con los vecinos y familiares lo que hace su hija “porque no lo entenderían”.

Trece años después de la caída de los talibanes, las afganas lograron progresos en el acceso a la educación y la salud.

Ya no extraña a nadie ver parlamentarias y una mujer incluso se presentó a la vicepresidencia de Afganistán.

Bajo el régimen de los talibanes (1996-2001) las mujeres no estaban autorizadas a salir de casa sin ir acompañadas por un hombre.

Pero la igualdad entre hombres y mujeres todavía es un sueño lejano y los conservadores no dan su brazo a torcer.

Durante un viaje reciente fuera de Kabul, tres afganos que iban en motocicleta empujaron a una de las mujeres, Sadf Nazari, de 18 años, que perdió el equilibrio y cayó sobre Marjan.

Marjan resultó herida de gravedad en el incidente, que enfureció a Mohamed Sadiq, el presidente de la federación afgana de ciclismo que seguía a las jóvenes en coche.

Persiguió a los jóvenes. Los dos pasajeros se dieron a la fuga pero atrapó al piloto de la moto y lo llevó a comisaría.

Para Sadiq, que formó el equipo en 2003 después de que su hija le dijera que quería montar en bicicleta, la seguridad de las mujeres es una preocupación constante.

Y teme que una vuelta de los talibanes tras la retirada de la OTAN, prevista a finales de 2014, acabe con los derechos de las mujeres, que serían su “primera víctima”. AFP

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