Es deleznable la actitud de la izquierda guatemalteca, especialmente la de algunos miembros de partidos minúsculos como Semilla, Winaq, Convergencia y URNG, que jamás en toda la historia de la democracia moderna han ganado siquiera una mayoría o una bancada grande en el Congreso, mucho menos la Presidencia de la República.

Como no ganan nunca y saben que es una población, en su inmensa mayoría, conservadora, religiosa, de origen judeocristiano, y totalmente contra las ideas socialistas “modernas” como la agenda política radical de género LBGTI y el aborto, no les queda de otra, sino usurpar el poder público de forma ilegal e inconstitucional con ONG y con aberraciones como la CICIG o Minugua, en su momento. Es obvio en las redes sociales y en la ausencia total de protestas masivas contra el presidente de la República y su gabinete de seguridad que la decisión presidencial de cancelar la CICIG y expulsar a Velásquez, excomisionado de la CICIG, del país es una decisión que los guatemaltecos no van a protestar ni a la que se opondrán.

“¿Debe seguir la lucha contra la corrupción? ¡Totalmente! Pero ahora hay que expulsar a la ONU de Guatemala y a la mayoría de sus agencias y quedarse con el FBI y el Depto. de Justicia de los EE. UU.”

En su desesperación, algunos miembros de esos micropartidos políticos han usado a niños en Xela para hacer protesta en contra del presidente y apoyando al “non grato” Velásquez, cosa que, como era de esperarse, causó muchísimo mas daño que provecho a la fracasada causa de defender la grosera intervención de Guatemala por organismos y embajadas abusivas e inmiscuidas en asuntos internos políticos guatemaltecos por más de una década. ¡Ya basta, guatemaltecos! ¡Ya fue suficiente abuso, arrogancia y prepotencia! ¿Qué quiere decir esto políticamente para la izquierda radical heredera de la URNG, una guerrilla asesina y secuestradora impune de sus miles de crímenes de guerra hasta hoy?

Quiere decir que perdieron el piso, perdieron el apoyo popular y perdieron al empresariado que se dio cuenta que al apoyar a la CICIG están apoyando su desgracia y la persecución penal ilegal en su contra por un delito inexistente de financiamiento electoral ilícito que ninguno de los empresarios acusados políticamente cometió, por un MP aún tomado por la CICIG y un grupo de embajadores, que también se desmorona (de G-13 a G-12), y que ya no tienen el respaldo popular que llegaron a tener en el año 2015 cuando se apresó correctamente a Pérez Molina y a Baldetti por amplios delitos de corrupción generalizada, igual que hizo la UNE en sus nefastos gobiernos.

“Guatemala debe recuperar su soberanía institucional y constitucional”.

¿Debe seguir la lucha contra la corrupción? ¡Totalmente! Pero ahora hay que expulsar a la ONU de Guatemala y a la mayoría de sus agencias y quedarse con el FBI y el Departamento de Justicia de los EE. UU. en un programa de asistencia técnica y capacitación y entrenamiento permanente del personal y los investigadores del MP y la PNC para que así mejoren y se profesionalice la investigación criminal guatemalteca y se funde un FBI guatemalteco con cooperación permanente del gobierno de los Estados Unidos para acabar con los abusos de la CICIG y el MP tomado por la ONU y esos embajadores invasores en Guatemala.

Guatemala debe recuperar su soberanía institucional y constitucional, pero debe, al mismo tiempo, mejorar substancialmente la calidad y profundidad de las investigaciones criminales para que, respetando el debido proceso la legalidad y la presunción de inocencia, los criminales, las maras, los extorsionistas y los políticos corruptos sepan que hay unas agencias de investigación criminal capaces de llevarlos a juicio y condenarlos legalmente sin circos mediáticos ni persecuciones politizadas y mediatizadas ilegales e inconstitucionales. ¡Institucionalidad y soberanía, sí! ¡Colonia, nunca más! ¡Viva, Guatemala, libre, soberana e independiente!

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