Aún podemos evitar la tragedia. Deberíamos hacerlo. Por lo menos, intentarlo. Se ve harto complicado porque los argumentos no se cotejan y la discusión es hepáticamente emotiva. El “sálvese quien pueda y como sea” alcanzó los extremos más primitivos de la desesperación. Las patadas abundan por estos días; las agresiones viles y despiadadas. Nos hemos vuelto expertos en el insulto y en la descalificación. Y eso no nos llevará a ningún puerto seguro. Tal vez es demasiado tarde como para proponer una negociación digna. Sobre todo porque hay principios de por medio. Y un futuro en juego. Pero tal vez todavía sea tiempo. No le recomiendo al presidente, Jimmy Morales, propiciar un rompimiento institucional. Tampoco seguir con esta ofensiva tan tenaz contra Naciones Unidas. Imagino que las presiones a las que se ve sometido son enormes. Leí las amenazas en redes sociales que le profirieron sus aliados si no les cumplía con el exabrupto pactado. Yo le sugiero al mandatario que revise sus acciones recientes. Que sea humilde. Que no se deje dominar por el agobio. Siempre hay fondo donde caer más abajo. Y eso debe evitarlo a toda costa. ¿Qué va a hacer si se derrama una sola gota de sangre en este pleito tan enconado? ¿Cómo va a lidiar con su conciencia si no logra impedir el caos del brutal enfrentamiento que termine cobrando vidas inocentes? ¿Cómo podrá salir del infernal atolladero en un país sumido en la más irracional violencia?

No simpatizo con su decisión de ya no renovar el acuerdo de la CICIG. Pero menos aún con la arbitraria medida de negarle la entrada al país al comisionado Iván Velásquez. Se ve muy mal eso. Se ve ordinario. Nadie con dos dedos de frente podrá creerle que el titular de la CICIG es un terrorista y que atenta contra el orden y la gobernabilidad del país. La situación se le está complicando, presidente. Y si no actúa pronto con la mínima sensatez, esa economía que tanto dice preocuparle sufrirá enormidades con el descontento popular que irá creciendo.

“¿Qué va a hacer Jimmy Morales si se derrama una sola gota de sangre en este pleito tan enconado? ¿Cómo va a lidiar con su conciencia si no logra impedir el caos del brutal enfrentamiento que termine cobrando vidas inocentes?”

Es cierto que algunos círculos de poder lo aplauden. Pero ese no es el sentir general de la gente. Quetzaltenango se lo hizo ver de manera categórica. Y ayer también Sololá. Hoy es el turno de los 48 Cantones de Totonicapán. Negar el gran rechazo hacia sus actuaciones sería pretender tapar el sol con un dedo. Pese a los errores cometidos hasta ahora, el presidente no puede ni debe permitirse caer en el error de errores, es decir, en el manotazo autoritario al estilo Nicaragua o Venezuela. El aparente respaldo de la Casa Blanca, si lo tiene, será temporal. Hay mucha preocupación en el mundo por lo que pueda suceder en Guatemala. Veo difícil, incluso en el Washington de manicomio de estos meses, que Estados Unidos tire por la borda el poco pero consistente avance institucional logrado desde 2015.

Las manifestaciones van a continuar. Sus consejeros tendrían que ponerlo en autos de lo inminente. Además, las revelaciones de colaboradores eficaces como Aneliese Herrera y Arturo Jederlehner, ambos vinculados con el exministro Alejandro Sinibaldi, más lo que pueda añadir Manuel Baldizón, cimbrarán más esta sociedad. No hay que olvidarse de que los beneficios procesales para ellos solo se aplican si lo que relatan puede comprobarse y traer consigo condenas. De hecho, las filtraciones iniciales de las declaraciones en anticipo de prueba de los dos primeros ya han puesto a temblar a infinidad de actores de la vida nacional. Y de verificarse semejantes historias, el peso de la justicia deberá caer sobre quien sea, sin importar cómo se llame o lo que represente.

Había escrito otra columna para hoy. Muy agresiva, por cierto. Llena de sarcasmo y de reproches. Pero decidí archivarla. No se me hizo congruente, con los peligros que se corre el país, contribuir con más leña para este fuego de odios. Había material de sobra para confeccionar una opinión muy crítica de lo que ha estado sucediendo en las últimas dos semanas. Ha habido infinidad de palabras y de acciones desafortunadas, por no decir infames. Asimismo, soberbia y prepotencia. Y triunfalismos hirientes de baja estofa. Sin embargo, pendiendo de un hilo como nos encontramos, lo responsable a mi criterio es llamar a la cordura y a la sensatez.

La tentación de la bofetada dictatorial ronda los pasillos de Casa Presidencial. No hace falta ser muy listo para saberlo. Insisto: ¿Qué va a hacer Jimmy Morales si se derrama una sola gota de sangre en este pleito tan enconado? ¿Cómo va a lidiar con su conciencia si no logra impedir el caos del brutal enfrentamiento que termine cobrando vidas inocentes? ¿Cómo podrá salir del infernal atolladero en un país sumido en la violencia más irracional? Tómese un segundo para meditar, presidente. Respire hondo y piense dos veces. Ya llegó demasiado lejos. El siguiente paso puede ser el fatal. No se deje embaucar por quienes le pintan escenarios en los que solo existen la espada y la pared. Recuerde que de lo pésimo puede pasarse a lo peor. La CICIG “reformada” seguramente no será una CICIG a su medida. El secretario Pompeo jamás mencionó al comisionado Iván Velásquez. En Naciones Unidas no parecen darse por enterados de su desafío. “No se puede ganar una guerra como tampoco se puede ganar un terremoto”, gran frase de Jeannette Rankin, le sugiero analizarla. Nunca es tarde para evitar un precipicio.

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