Luis Felipe Valenzuela

No son tan valientes

Por: Publinews

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Es inexplicable que la fiscal general, Claudia Paz y Paz, no haya sido incluida en la lista final de los seis aspirantes para ese cargo. Pero es entendible por qué ocurrió. De haber obtenido los nueve votos necesarios para integrar ese sexteto, hubiera sido muy complicado para el presidente Otto Pérez Molina no reelegirla.

Y, sin embargo, de haberla incluido, aunque el mandatario hubiese escogido a cualquier otro candidato, eso habría sido mucho menos dañino para el país que este sainete tan poco elegante que tiene como responsables a algunos de los integrantes de la Comisión de Postulación.

Es penoso que, después de mostrar logros significativos al frente del Ministerio Público, a lo que se suman su honorabilidad reconocida por la misma postuladora así como sus méritos académicos, Paz y Paz haya quedado afuera de una manera tan ruin. El mensaje es pésimo para nuestro sistema.

Yo lo leo así: haga las cosas mejor que sus antecesores, muestre sus aptitudes para el puesto, ponga a prueba su hoja de vida en lo relacionado con idoneidad y formación, sitúese entre las dos mejor calificadas en un proceso supuestamente confiable, y luego quede descartada. Eso, como mínimo, es sospechoso. Aunque no hayan violado ley alguna al hacerlo. Porque con esa lógica, la final de la Champions debería disputarla el Schalke 04 y no el Real Madrid. A lo que añado un detalle que perturba: echar a correr el rumor de que a uno de los decanos que integraban la Comisión se le había retirado la visa para entrar a Estados Unidos, lo cual es falso, es un recurso que deja mucho qué desear.

No digo que el trabajo de Paz y Paz esté exento de errores. No proclamo que el MP sea una maravilla que funcione como reloj suizo. He criticado antes varias de sus pifias. Y estoy convencido de que hay múltiples aspectos por mejorar. Pero pregunto: ¿Puede alguien, en esta Guatemala tan llena de mediocridad y de corrupción, resolver en tres años y medio los problemas de una entidad tan compleja?

Es cierto que es cada vez más indeseable la presión de la Comunidad Internacional. Pero no por ser criolla deja de ser detestable la que ejercen los poderes locales. No fue de mi agrado que parte de la sociedad civil, me imagino basada en el derecho constitucional de petición, le presentara a la postuladora casi seis mil firmas en apoyo a Paz y Paz. Eso también es presionar y no lo suscribo.

Pero me parece mucho más nocivo ese cobarde y misógino ataque a la fiscal, en el que la descalificaron de maneras aberrantes y espurias, o bien los cabildeos subterráneos y sórdidos que impidieron a toda costa que llegara a la lista de los seis. Nunca antes vi, ni siquiera contra funcionarios tenebrosos y matones, tal enjundia para el insulto y la descalificación.

Era de esperarse de los sectores más oscuros del hampa, sea este de cuello blanco o de cuello negro. Voceros tienen, pues los pagan. Y aunque no dispongo de pruebas para afirmar esto, pareciera que cierto empresariado ultraconservador se alió a esta cruzada sin precedentes. Lo cual es lo que, al final, preocupa más. Porque los sectores progresistas de Guatemala, entre los que figuran muchos integrantes del mismo sector privado, no pueden pensar en alianzas estratégicas con capos, asesinos, ladrones o radicales de una u otra extrema.

La alianza estratégica que precisa el país necesita de un liderazgo con coraje que no se amilane frente al petate del muerto y que sepa elevar el nivel del debate, lo cual no se dio en este proceso, especialmente por la encarnizada y cruel campaña contra Paz y Paz, en la que llegaron hasta el despreciable extremo de meterse con su familia. Y, claro, en el mismo orden de ideas, pero en otra categoría, no pueden quedar exonerados del baile quienes la idealizaron y que en algunos casos le granjearon antipatías del aire.

Es grande el reto para quien llegue a ocupar su silla en el MP. No solo por el desafío que la impunidad impone con sus balas y sus billetes, sino por la altura con la que Paz y Paz deja esa oficina.

Apuesto a que nuestro inservible Congreso integrará pronto ese Consejo del MP que tanto le negó a la aún fiscal general. E insisto: hubo déficit en su administración. Persiguió a muy pocos corruptos. Muchos menos de los que pudo y debió. Y su comunicación no alcanzó para evitar que fuera etiquetada como militante, en un puesto que exige imparcialidad total. Pero su balance es positivo. Los más “machos” que la denigraron no hubieran podido con semejante desafío. Ni siquiera creo que se atreverían a repetirle en su cara los oprobios que han dicho o escrito de ella. No son tan valientes.

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