Juan Carlos Eggenberger: “La rehabilitación incluye la capacidad de soñar”

Esta semana, cientos de voluntarios salieron a las calles para informar sobre la inversión de lo recaudado por la Teletón 2015. Publinews conversó con Juan Carlos Eggenberger, presidente del Comité Organizador, sobre la importancia de rendir cuentas y lo que para él significa estar al frente de este evento.

Por Publinews
Juan Carlos Eggenberger: “La rehabilitación incluye la capacidad de soñar”


Cientos de voluntarios, personal médico técnico, personal administrativo, patrocinadores, artistas y colaboradores de Teletón salieron a las calles esta semana para entregarles a todos los guatemaltecos un detalle de la ejecución de los recursos recaudados durante el año 2015.

La jornada de rendición de cuentas se llevó a cabo en distintos puntos de la capital y será replicada durante los días restantes hasta el evento Teletón en todos los departamentos del país.

Publinews conversó con Juan Carlos Eggenberger, presidente del Comité Organizador de Teletón, acerca de la importancia de rendir cuentas de lo recaudado e invertido por la Fundabiem y sus pensamientos de lo que significa este evento en el país.

Este año se ha hablado mucho de que la Teletón es más que un evento artístico.

La Teletón es un modelo de recaudación, sobre todo uno de participación social que nació en Chile en 1978 y vino a Guatemala en 1986. Creo que vino en un momento justo porque encontró dos o tres áreas en donde la Teletón podía no solo nacer, sino además crecer y desarrollarse, y 30 años después sigue funcionando.

Hace 30 años, la oferta de servicios de rehabilitación era escasa. A las personas con discapacidad se les atendía de una manera médica, cuando realmente es una condición social de vida que ninguno de nosotros está libre de tener. Por cualquier cosa como un accidente,  cualquier persona puede enfrentarse a la necesidad de servicio de rehabilitación.

Por un lado encontró este espacio, por otro encontró una sociedad necesitada de participar. Creo que en el país hay muchas necesidades y un gran número de personas que quieren involucrarse en proyectos de este tipo y así canalizar sus deseos de participar y contribuir. Se encuentra una necesidad con un deseo de colaborar.

Y, por otro lado, se encontró en ese momento la necesidad de sentirnos uno, como país, frente a una iniciativa, y aún sigue vigente. Somos un país que se divide con facilidad, sobre todo con temas de religiones, equipos de futbol, color de piel, lo que sea. Son muchas áreas que se encuentran para dividir, y pocas para unir.

La Teletón ha sido un catalizador de unidad porque es increíble ver esfuerzos  de grandes empresas que llegan a dar grandes aportes, y al lado está una persona de escasos recursos que con mucho esfuerzo dona Q100.

La participación de todos ha hecho que la Teletón encontrara un espacio para crecer y se ha mantenido durante 30 años. Para mí, eso es muy importante. En buen chapín, se dice que somos “llamarada de tusa”, porque hacemos algo y al ratito se nos olvida.

La Teletón es un esfuerzo continuo y ha hecho que las personas se levanten y participen durante ya tres décadas. He visto que en ocasiones cuando las personas hacen una recolecta dicen: “Hagamos una Teletón”.

¿Qué sientes cuando ves que la Teletón se ha convertido en algo muy arraigado a la cultura guatemalteca?

Me siento orgulloso y contento. Admirado, además, porque estoy seguro de que el grupo de personas que se han involucrado, sobre todo los fundadores, no pensaron que el evento tomaría la importancia que ahora tiene. Está arraigado en la cultura.

En el interior del país se ven esfuerzos, de manera voluntaria, que impresionan. No es que dan Q5, sino entregan su confianza y eso es inolvidable. Hay señoras que en julio se reúnen y lo venden, y lo donan a la Teletón.

Algo increíble, en la cárcel de Jutiapa, los presos pidieron una alcancía y regresó llena con donativos para Teletón. Nos sentimos sumamente comprometidos porque tenemos la gran fortuna de servir en un proyecto que la gente aprecia.

Este país está necesitado urgentemente de buenas noticias, que se construyen.

¿Existe un momento especial que te haya impactado durante los años que llevas dirigiendo la Teletón?

Ha habido varios momentos. También ha habido algunos en que he sentido la carga muy pesada, pero después recuerdo todo lo que he vivido. Tengo la fortuna de ser hijo de una de estas familias que comenzaron el proyecto, que comenzó hace más de 30 años con la Casa Hogar.

Organizaban desfiles de moda y ventas de comida para obtener fondos. De niño iba obligado, ni modo, así somos de pequeños. Me involucré en la Teletón como voluntario pegando carteles, como piloto de los artistas y de seguridad.

Hasta hace unos años, cuando estuve al frente del proyecto, lo entendí de fondo. Salí a conocer los centros afuera de la capital. En una oportunidad llegué al centro de Chiquimula.

Algo que comparten los niños enfermos de cáncer y otras enfermedades duras con los que tienen discapacidad es que siempre andan felices. Pero en esa ocasión vi a uno que estaba triste. Había quedado con parálisis por el tema de violencia.

No es lo mismo nacer con una discapacidad que adquirirla después de conocer cómo es correr, jugar y ser independiente. Perder eso es muy duro. Me le acerqué y traté de platicar con él. Le pregunté qué quería ser cuando sea grande, y me dijo que no sabía, que lo único que pensaba era en terminar ese día.

Un niño que no puede proyectar su aspiración de día es muy duro. La discapacidad va más allá que piernas y brazos, porque también incluye el alma de las personas, la esperanza, los sueños y la capacidad de proyectarse en el tiempo y luchar por cumplir metas.

Te soy sincero, me descompuse después de escuchar esa respuesta. Recordé todo el tiempo en que me había relacionado con personas con discapacidad desde los 8 años, pero nunca lo había entendido. Pensaba que el tema era de camina o no.

Ese día entendí que era más que eso. Pero como la vida no se queda con nada, un año después regresé a ese centro y vi al niño haciendo sus ejercicios. Lo vi y no quise buscarlo porque me había dolido mucho la experiencia anterior.

Cuando él me vio, me buscó y me fue a decir “vos, ya sé qué quiero ser cuando sea grande, quiero ser doctor”. Ese niño estaba rehabilitado, porque durante un proceso de un año con ejercicios físicos, tratamientos, había logrado recuperar la capacidad de recuperarse en el tiempo y de soñar.

Para él, su sueño cambió y, si lo persigue, será doctor, sin importar que no tenga la funcionalidad de sus piernas y manos. Será un doctor en silla de ruedas, pero lo logrará.

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