Africanos en competencia, ¿una lucha por la gloria o la supervivencia?

La realidad de los atletas africanos que participan en las principales carreras en Guatemala y otras partes de América no es necesariamente un cómodo paseo ni equivale a una vida entre lujos.

Por Fernando Ruiz

Sus increíbles e innatas condiciones de resistencia y para ser más rápidos que otros en la ruta son innegables, con pocas excepciones, los cuadros de honor a nivel histórico en los Juegos Olímpicos, los Campeonatos Mundiales y los principales eventos atléticos, no incluyen al menos el nombre de un representante de su región en las pruebas de fondo.
Kenia, Etiopía y Eritrea, acaparan el Top 50 de los mejores tiempos en los 21 y 42 kilómetros en los registros de la IAAF y nadie duda en colocar como favoritos a sus atletas en cada carrera en la que aparecen inscritos en los listados de salida.
En Guatemala la intervención de corredores africanos, en su mayoría kenianos y etíopes, es frecuente en carreras como los 21K de la Ciudad y de Quetzaltenango o los Medios Maratones Max Tott, Las Rosas y de Cobán.
Fue en la edición de 1994 de este último cuando se registró su primera participación y victoria que estuvo a cargo de John Kiproskei (Kenia) y Nicole Whiteford (Sudáfrica).
A partir de entonces, la historia a nivel local se ha contado por sí sola en términos de presencia y de dominio en los resultados deportivos para los representantes de aquel continente.
Sin ir muy lejos, el domingo en Cobán el Edwin Kipsang Rotich fue el vencedor por delante de su compatriota MacDonard Ondara, quien en 2016 se convirtió en el máximo ganador de la prueba con cuatro títulos.
En la rama femenina, el dominio de las africanas fue implacable durante 27 años hasta la peruana Gladys Tejada rompió su hegemonía y se llevó la victoria.
De cualquier forma, nadie duda en colocales la etiqueta de favoritos a los africanos en cada una de las grandes carreras que se celebran en el país.

19 atletas africanos estuvieron inscritos en la última edición del Medio Maratón de Cobán.

Cada vez son más
Los grupos de corredores kenianos y etíopes en Latinoamérica se establecieron hace casi 30 años, cuando un grupo cercano a 15 personas se estableció en México.
Primero fue un campamento en Toluca, localidad en la que las condiciones de altura y ubicación en el país les facilitaron su preparación y asistir a las competencias en otros estados.
Con el tiempo, su dominio en las competencias pasó de ser parte del espectáculo a motivo de discordia, principalmente en los atletas locales debido a que sus posibilidades de triunfar se hicieron mínimas.
“Son una plaga” dijo en su momento Rafael Martínez Segura, quien fue entrenador de miembros del equipo nacional de atletismo y que preparó al guatemalteco José Amado García entre 2008 y 2011.
“Básicamente se dedican a sobrevivir entre una carrera y otra”, explicó.
Con los años, la cantidad de corredores en el país aumentó a más de 80 y su base se extendió a otros lugares como Zacatecas, Chihuahua y Jalisco.
De acuerdo con registros del año 2012 del Instituto Regional de Migración de México, más de 600 africanos vivían en ese país, en su mayoría, sin permiso migratorio ni de trabajo y cuya principal fuente de supervivencia son los premios recibidos en las carreras.
Existen otros que desarrollan la actividad con el afan de contribuir con la economía de sus familiares debido a que algunos residen en zonas con altos índices de pobreza.
Su dominio en los eventos a nivel local llegó a tal extremo que debido a que la ley obliga a los extranjeros a pagar un 18% de impuestos por sus ingresos en las pruebas, algo que muchos de ellos han contrarrestado con la nacionalización, proceso que aceleran con la ayuda de asesores.

 

En modo “cooperativo”

  • Cuando una prueba atlética se acerca en México y países de Latinoamérica en los que son invitados por los organizadores, el promotor selecciona a un grupo, como mínimo de tres atletas, con el objetivo de que dominen la competencia y reúnan la mayor cantidad de dinero.
  •  Si las carreras se realizan en forma simultánea el equipo se divide para copar los premios en los eventos y, luego de deducidos los impuestos, reúnen una cantidad que es repartida entre el promotor en una porción no menor al 25% y el resto entre los atletas.
En Cobán 2017 Foto: Fernando Ruiz

Una esclavitud moderna
Un atleta nacido en Kenia, quien pidió que su nombre quedara en el anonimato, compartió con Publinews parte de la historia que ha vivido desde que fue visto en el Maratón de Róterdam, Holanda, por un agente deportivo quien le ofreció convertirlo en una estrella de las carreras al otro lado del mundo.
Consciente de que su mejor tiempo en los 42 kilómetros era de 2:18.52 y que con éste nunca podría competir al nivel de quienes participan en la Liga Diamante u otros eventos de primer nivel de la IAAF, decidió que era mejor ser “alguien” deportivamente hablando en América, que un desconocido en su país o parte del pelotón secundario en Europa.
“Me atrajo la idea de hacer lo que más me gusta que es correr en otra cultura y en un lugar en el que pudiera ganar”, recuerda el fondista quien tiene cuatro años de vivir en México. “La realidad fue muy dife rente a lo que me hicieron firmar”, explica.
“No me fijé en detalles como que al promotor tenía que darle el 30% de mis premios y que él decidiría a qué carreras, cómo y cuando iría”, agrega.
Junto con sus obligaciones deportivas de entrenarse y competir durante cinco años, el corredor cayó en cuenta tiempo después que el documento incluía cláusulas que lo forzaban a hacerse cargo de sus gastos médicos en caso de una lesión, que no podía salir después de las 21 horas de la vivienda que compartía entonces con otros 14 atletas y que no podía hablar del tema con los medios de comunicación.
“Nos dicen a donde vamos, a veces sin nada más que nuestro pasaporte y nuestros implementos, nada de dinero para comer o alguna emergencia como perder el vuelo”, comparte.
“Es una vida muy dura si tomas en cuenta que la vida de un corredor es limitada y que el dinero que ganamos solo nos alcanza para pagar la renta y cuidar nuestra dieta”, concluye.
La situación ha alcanzado situaciones extremas como las de Hillary Kimayo, atleta que en 2014 participó en doce maratones con tal de reunir fondos para cubrir una deuda de más de US$135 mil que adquirió con un banco local.
La mayoría de fondistas compite anualmente, de acuerdo con las recomendaciones médicas, en un máximo de cuatro pruebas de 42 kilómetros.
La historia parece no tener un final feliz después de cruzar la línea de meta para varios de los africanos cuya lucha va más allá de vencer al cronómetro

Por un espectáculo atlético de primer nivel“Su presencia contribuye al prestigio de la carrera que a nivel internacional y a tener una competencia atractiva para el público”, explica Juan de Dios Reyes, quien forma parte del comité organizador del Medio Maratón de Cobán que el domingo cumplió su edición 43.
Reyes explica que son promotores en Estados Unidos y México los que le facilitan los contactos con los corredores a él y a quienes manejan otras carreras en Guatemala.
La inversión promedio para traer a cada corredor ronda los US$1 mil 700 para cubrir sus gastos de traslado aéreo, hospedaje, alimentación y transporte interno.
De acuerdo con las leyes migratorias en Guatemala, los ciudadanos de Kenia y Etiopía deben de contar con visa estadounidense vigente y la Superintendencia de Administración Tributaria les retiene el Impuesto sobre la Renta sobre el valor de los premios que reciben luego de la carrera, los cuales están sujetos a los resultados de las pruebas de dopaje.
Resalta el caso de Julius Keter, corredor keniano que en espacio de un mes, terminó como ganador en los 21K de Zapopan y el Maratón Lala, en Torreón; y luego fue tercero en los 21K de Guadalajara, en México, y sobre el que existen sospechas sobre el uso de sustancias prohibidas, participó en Cobán y lo hará este domingo en los 15K de Quito, Ecuador.

Tres pasos sobre el concreto

  1. Por su cuenta y de calidad. Figuras como MacDonard Ondara, máximo ganador histórico en Cobán, ha triunfado en pruebas de prestigio como la Bolder Boulder, en Colorado, Estados Unidos, y maneja una agenda propia sin necesidad de un representante.
    “Creo que es mejor así, dependo de mí y de quienes me invitan a correr en sus países”, explica el keniano quien el domingo terminó segundo en la cabecera de Alta Verapaz.
  2. Los kenianos Phillip Kandie, Stephen Kibet y Emily Chipkorir, quienes destacaron en la edición de 2014 del Medio Maratón Max Tott dieron un resultado analítico adverso que les privó de los premios que obtuvieron en esa ocasión.
    El etíope Alene Imere Reta, quien en Guatemala ganó en Cobán, los 21K de la Ciudad y de Quetzaltenango, y el Medio Maratón de Las Rosas, estaba en el listado de salida para esa prueba, pero finalmente se quedó en el hotel.
  3. El calendario de las principales carreras en Guatemala marca la celebración del Medio Maratón de San Juan Sacatepéquez (11 de junio); el Medio Maratón de Las Rosas, en la Antigua Guatemala (16 de julio); los 21K de la Ciudad (28 de agosto) y los 21K de Xela, en Quetzaltenango (en noviembre); pruebas en las que podríamos ver de cerca nuevamente a los atletas africanos.
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