Ecuatorianas se ponen los guantes contra violencia de género

El INEC calcula que una de cada cuatro mujeres, un 25,7% del total de población femenina, ha sufrido violencia sexual.

Por Publinews

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QUITO. “¡Golpea más arriba!” Any escucha, respira hondo, levanta los hombros y lanza al aire su puño cerrado. Desde hace un año esta ecuatoriana, víctima de un intento de agresión sexual, practica boxeo para defenderse de los hombres.

Visto tradicionalmente como una práctica de “machos”, cada vez más mujeres se ponen los guantes como arma contra la violencia de género, un fenómeno que afecta a seis de cada diez mujeres en Ecuador, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). La mayoría de los casos involucra a las parejas de las damnificadas.

Any Hurtado tiene 17 años y estudia enfermería. Su padre emigró a España hace cuatro años y hoy vive sola. El año pasado, mientras regresaba a su casa, intentaron violarla.

“Me empezaron a agarrar y a tratar de abusarme. En medio del forcejeo, pensé que no iba a poder zafarme pero saqué fuerzas. Al que estaba más cerca le golpeé y pude salir corriendo”, cuenta a la AFP.

Entonces quiso aprender a pelear y comenzó a frecuentar un gimnasio mixto del centro de Quito, en el tradicional barrio La Tola, donde encontró a otras mujeres que compartían el mismo temor.

Mientras muchas se inclinan por las artes marciales, sobre todo en las capas medias y altas de la sociedad, Any y sus compañeras optaron por el boxeo. El sentimiento de vulnerabilidad que experimentan en las calles o en sus propias viviendas, explican, las condujo hacia una actividad más ruda. Quieren inspirar temor.

El INEC calcula que una de cada cuatro mujeres, un 25,7% del total de población femenina de Ecuador (8,9 millones), ha sufrido violencia sexual.

“Vivimos en una sociedad en la cual el espacio público es muchas veces más seguro para los hombres que para las mujeres. Entonces las mujeres recurren a la autodefensa (…) cuando la sociedad las considera un objeto vulnerable”, explicó Santiago Castellanos, un psicólogo experto en estudios de género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

– ¡Más duro, sin miedo! –

Tania Lara, de 27 años, y María Vega, de 30, frecuentan el mismo gimnasio. La primera es una empleada doméstica que asegura haber sido golpeada por su exmarido, mientras María vende papas en un mercado del centro de Quito y entrena con más gusto desde que puso en práctica sus lecciones en la calle.

“Me arrancaron el celular y salí corriendo detrás de él. Le caí a golpes hasta que me lo devolvió”, recuerda sonriente.

Lara cree ahora que el boxeo le hubiera evitado las agresiones que sufrió. “A veces como que me dan ganas de volver al pasado y pienso cómo hubiera sido si en esa época yo fuera como ahora, una boxeadora. Ahí sí lo sonaba (golpeaba) duro”, apunta.

Las mujeres se acomodan los guantes antes de subir al cuadrilátero. María boxea sin cabecera de protección. “¡Ahí, Tania!, más duro, sin miedo, no te dejes”, grita Segundo Chango, entrenador de La Tola y quien imparte lecciones gratuitas a las mujeres.

Durante 15 minutos, Tania y María intercambian ganchos y rectos, y se mueven con gracia ante la mirada de otros boxeadores. “Uno piensa que una mujer no dura ni una semana (boxeando), pero cuando las ves ahí te das cuenta que son fuertes”, comenta Eric Bone, uno de los alumnos de Chango.

Incluido en el programa olímpico desde 2012, el boxeo femenino profesional figura poco en Ecuador. Sin embargo, es creciente el número de mujeres que quieren aprender este deporte para defenderse.

Desde hace una década al gimnasio de La Tola comenzaron a acudir mujeres. Hoy llegan hasta cinco por día a entrenarse con hombres, asegura Chango.

Las mujeres de La Tola ignoran el prejuicio de que el boxeo las hace ver menos femeninas. Amarilis Carbos, una esbelta oficinista de 26 años, hace sonar sus tacones cuando entra al gimnasio. Guarda su bolso en un casillero, se desmaquilla y se viste con ropa cómoda.

“Mis papás nunca me dejaron entrenar boxeo porque obviamente era un deporte de hombres”, recuerda. Hoy no solo lo practica sino que le enseña sus primeros golpes a su hija de ocho años para que “también aprenda a defenderse”. AFP

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