La meta que nunca quiso cruzar

El kilómetro 43 del maratón no es como lo imaginaba Jeremías Saloj, a quien la carrera contra el dopaje lo dejó fuera del camino y con un futuro más que incierto.

Por: Publinews

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Calzarse los tenis, levantarse antes del amanecer y el impacto constante contra la pista sintética o el asfalto han dejado de ser parte de la rutina diaria del atleta, quien ahora se rodea de los sembradíos, el ambiente frío y las caras conocidas de su natal Patzún, en Chimaltenango.

La transición de estar en el proceso para convertirse en el mejor corredor de fondo de Guatemala a estar marginado durante dos años de toda competencia atlética de manera oficial no es un drama escrito en los libros, sino en la triste realidad que en la actualidad rodea a Jeremías Saloj Ajsivinac.

A sus 25 años, la carrera del atleta, que dio sus primeros pasos como parte del equipo “Espíritu Joven” que se formó cerca de donde creció, ha tomado un giro triste poco después de su participación en el Campeonato Mundial de Atletismo, el cual se celebró en Moscú, Rusia, en agosto.

Como muchos otros grandes exponentes del deporte a nivel mundial, Saloj tuvo una de las derrotas más dolorosas al verse superado, no por el oponente, ni la exigencia del recorrido o el cansancio, sino por sus propias acciones y decisiones.
Los dos años y medio que habían pasado desde que corrió por primera ocasión la extenuante prueba de 42 kilómetros, en Róterdam, Holanda (abril de 2011), y en los que su progresión de tiempos marcaba un futuro prometedor, se disiparon tan pronto la Federación Internacional de Asociaciones Atléticas (IAAF) le notificó a la Federación Nacional de Atletismo (FNA) el resultado de dos pruebas de dopaje que se le practicaron en la capital rusa.
La nota que se hizo pública el 28 de agosto confirmó que Saloj corrió acompañado de la eritropoyetina (EPO), una sustancia prohibida dentro del escenario deportivo a nivel del planeta.
La noticia que se divulgó con rapidez generó diferentes sentimientos desde la tristeza hasta la frustración de quienes eran sus compañeros de equipo, su entrenador y las personas que habían aplaudido su esfuerzo por haberlo visto cruzar la meta en el puesto 33 y con un tiempo de 2:20.40 en la cita mundialista.
Saloj perdió no solo su credibilidad como atleta, sino que además en gran parte el respeto de aquellos que alguna vez confiaron en él y los patrocinios de los que gozaba.
Esa acción provocadapor él mismo, probablemente, le puso fin a su carrera deportiva a la cual le faltaban varios años y en la que se proyectaba para romper el récord nacional (2:12.53), que le pertenece desde 2004 a Alfredo Arévalo y superar a figuras como José Amado García.

Lejos de todo y todos
En las elevadas tierras de la aldea El Sitio, en Patzún, Jeremías encontró el escenario para “exiliarse” y apoyarse en su familia.
El atletismo, las cámaras o los micrófonos son algo con lo que no quiere tener contacto y lo dejó bien claro al haberse ausentado del Medio Maratón de su pueblo, el cual se celebró el domingo 28 de septiembre.
Isaías Jacinto, miembro del comité organizador de la edición 55 de la prueba, dijo en su momento: “No creo que venga… le íbamos a dedicar este año la carrera, pero con lo que pasó,a dedicar la carrera, pero con lo que pasó, seguro ni se va a aparecer por aquí”, dijo.
Ese mismo día, en la tranquilidad de su humilde hogar, el cual está rodeado del verde de los sembradíos de la región, Felipe Saloj, su padre, ofreció disculpas por su ausencia y confirmó que su hijo aún no termina de asimilar lo sucedido.
“Él no está ahora… se fue para estar junto a su esposa porque su suegra falleció unos días después de lo que le pasó en Guatemala”, comparte con pena y en un español con marcado acento kakchiquel.
“En estos días se ha ido a trabajar la tierra en Pachimulín (un caserío cercano) y viene muy poco por aquí… todavía está triste por todo, no se sabe qué es lo que pasó”, agrega el padre del corredor, quien asegura que el destino de este se encuentra lejos de Guatemala, aunque espera que no sea pronto.

Sin equipo
Desde 2010 hasta finales de agosto, Saloj fue integrante, junto a figuras como José Carlos Raxón y Víctor Manuel González, del equipo BAM.
Esta estructura, que incluye la preparación y competencia paralelamente a los equipos de Caña Real y de Pollo Campero, surgió a iniciativa del entrenador nacional Carlos Trejo.
Junto a este, Saloj encontró el camino y la motivación para correr los 42 kilómetros y asistió a varios maratones en el extranjero como los de Miami, Estados Unidos; Ottawa, Canadá, en el que logró la marca B para los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y Fráncfort, Alemania, en el que se clasificó al Mundial.
Sin embargo, lo sucedido no dejó a Saloj al margen del equipo y obligó a generar una política de controles periódicos y al azar para el resto de corredores.
“Jeremías no quiso decir quién, cuándo ni cómo obtuvo lo que utilizó; fue una decepción bastante grande que las cosas hayan terminado de esta manera para él”, explica Trejo.

“Tomé una decisión equivocada y ahora no me queda más que afrontar las consecuencias de mis actos”
Jeremías Saloj, corredor guatemalteco

Opinión invitada

Una decisión personal, Carlos Hermes, Director de la Agencia Nacional Antidopaje

La mayoría de casos en los que un atleta da un resultado analítico adverso o “positivo” en los controles de dopaje se basa en una decisión propia y en la falta de personalidad de estos. De alguna manera, los atletas que incurren en el uso de sustancias prohibidas tienen la sensación de que están perdiendo antes de empezar la competencia y la necesidad de mantener sus becas, apoyos económicos o patrocinios los hace querer producir un resultado sin importar los efectos secundarios que se presenten en el futuro.
El uso de la eritropoyetina (EPO), producida en forma sintética, se resume al objetivo de generar nuevas células rojas, lo cual sucede en forma natural en el cuerpo. El rendimiento deportivo con su utilización se favorece al ser un transportador de oxígeno a los músculos y que aumenta la resistencia en atletas que practican pruebas como los 5 mil, 10 mil metros o el maratón y el ciclismo.
El EPO, antes de la CERA y de otras sustancias que luego aparecieron, llegó a estar de moda entre los deportistas por ser de fácil obtención, aunque muchos lo compran caro sin tener mayor conocimiento o sin saber que para tener una carga de células maduras debe ser usada 15 o 20 días antes de la competencia.
El riesgo en su utilización está en que el cuerpo, en determinado momento, pueda decidir anular su producción natural y que, con el tiempo, la persona pueda sufrir de graves consecuencias en su salud.

Fernando Ruiz del Valle

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