Asistimos en el Aero Theatre de Los Ángeles a la presentación de Backrooms, una de las películas más sorprendentes del año y, probablemente, el fenómeno cinematográfico más inesperado de la temporada.
La expectación era palpable antes de que se apagaran las luces. La cinta llega precedida por cifras extraordinarias de taquilla. Saltando de YouTube a la gran pantalla, la curiosidad por este filme es muy poco habitual incluso para los estándares del cine de terror contemporáneo.
La película supone además la consolidación definitiva de Renate Reinsve como una de las intérpretes más fascinantes de su generación. La actriz noruega, descubierta gracias al filme La peor persona del mundo, y confirmada después con la nominación al Oscar por Valor Sentimental, ha seguido una trayectoria singular en Hollywood. Procedente de un país nórdico, mantiene una distancia poco frecuente respecto a la maquinaria promocional de la industria y administra con cuidado sus apariciones públicas.
Backrooms también marca un momento de transición para el propio Hollywood. La película nace de un universo creado en internet por Kane Parsons, quien comenzó desarrollando la idea en YouTube cuando apenas era un adolescente. Lo que empezó como una serie de vídeos inspirados en una leyenda digital es ya el nuevo fenómeno cinematográfico y está semana aterriza en España.
La historia explora espacios laberínticos que reflejan en formato de pesadilla las ansiedades de una generación criada entre pantallas, redes sociales y la sensación permanente de incertidumbre. Más que una película de monstruos, Backrooms propone una reflexión sobre la percepción.
Tras la proyección conversamos sobre el filme con Renate Reinsve quien nos explicó su impacto cultural.

MWN: ¿Qué convierte a Backrooms en un fenómeno distinto dentro del cine de terror actual?
--Su origen ya la distingue. La película nace de un imaginario colectivo desarrollado en internet y transformado después por Kane Parsons en una serie de vídeos que alcanzaron millones de espectadores. Sin embargo, el largometraje evita limitarse a una adaptación literal de ese material. Amplía el universo original y lo convierte en una experiencia cinematográfica que habla de ansiedad, aislamiento y desorientación. El terror surge menos de los sobresaltos que de una sensación persistente de extrañeza.
MWN: ¿Quién es Kane Parsons y por qué Hollywood se ha fijado en él?
--Parsons representa una nueva generación de cineastas formados fuera de los circuitos tradicionales. Su aprendizaje tuvo lugar en YouTube, donde desarrolló una notable capacidad para construir atmósferas inquietantes mediante imágenes digitales de apariencia realista. Su salto al cine demuestra que las fronteras entre las plataformas digitales y la industria audiovisual son cada vez más permeables. A sus 20 años, se ha convertido en el director más joven en liderar la taquilla mundial con una película original.
MWN: ¿Por qué estos espacios resultan tan perturbadores?
--Porque alteran nuestra percepción sin romperla del todo. Un pasillo es ligeramente más largo de lo que debería. Una habitación parece normal, pero algo en sus proporciones resulta extraño. Esa sensación recuerda al llamado valle inquietante. Aquello que se parece mucho a la realidad pero que presenta una pequeña desviación capaz de generar incomodidad. Los Backrooms exploran esa frontera.
MWN: ¿Qué aporta tu personaje a la película?
--Aporta densidad emocional. Mi personaje, la terapeuta Mary Kline, se mueve por un universo irracional sin perder complejidad humana. Gracias a ella, la película conserva un anclaje emocional incluso cuando se adentra en territorios cercanos a la pesadilla.
MWN: ¿Existe un paralelismo entre tu carrera y Greta Garbo?
--Las comparaciones históricas siempre tienen límites, pero hay elementos comunes. Ambas procedemos del norte de Europa, y creo que ambos hemos tratado de mantener una imagen reservada. En una época dominada por la sobreexposición, es importante guardar distancia.
MWN: ¿Cómo fue el rodaje de este filme tan psicológico?
--Los enormes decorados físicos construidos para representar los Backrooms tuvieron un impacto considerable en mi trabajo. El set ocupaba cerca de 30.000 metros cuadrados y recreaba un laberinto de oficinas y corredores. El lugar era tan inquietante que yo evitaba recorrerlo sola. Me provocó tal sensación de desorientación que terminó alimentando mi interpretación.
MWN: ¿Qué diferencia a Backrooms de otras producciones recientes inspiradas en internet?
--La ambición conceptual. Muchas adaptaciones de fenómenos virales se limitan a trasladar una idea popular a la gran pantalla. Backrooms intenta algo más complejo al convertir una experiencia digital en una reflexión sobre la condición contemporánea. La película plantea preguntas sobre la tecnología, la identidad o la dificultad de encontrar sentido en un entorno cada vez más abstracto.

MWN: ¿Qué lectura hace la película del mundo actual?
--Sugiere que vivimos rodeados de espacios diseñados para la eficiencia y la optimización. Oficinas, centros comerciales, hoteles o plataformas digitales comparten una lógica funcional que a menudo reduce la experiencia humana a una serie de procedimientos. Los Backrooms llevan esa tendencia al extremo y la transforman en una metáfora del extravío contemporáneo.
MWN: ¿Por qué conecta especialmente con el público joven?
--Porque traduce en imágenes algunas de las inquietudes de una generación que ha crecido conectada permanentemente a internet. La incertidumbre económica, la saturación informativa, la ansiedad que provoca la transformación constante de los entornos sociales forman parte de la experiencia cotidiana de millones de jóvenes. La película convierte esas sensaciones difusas en una geografía tangible.
MWN: ¿Estamos ante una revolución en la forma de descubrir nuevos cineastas?
--Más que una revolución, parece una evolución natural. Durante décadas, muchos directores comenzaron realizando cortometrajes o trabajando en televisión. Hoy algunos desarrollan su lenguaje en plataformas digitales. Lo relevante no es el medio de origen, sino la capacidad de construir una mirada propia. Parsons ha demostrado que posee una voz reconocible.
MWN: ¿Puede hablarse ya de una nueva franquicia?
--Todo apunta en esa dirección. El universo creado por Parsons es amplio y cuenta con una comunidad de seguidores muy activa. Además, la propia estructura narrativa deja abiertas múltiples posibilidades para futuras entregas. Hollywood rara vez ignora un éxito de estas dimensiones.
MWN: Después de verla, ¿qué impresión deja la película?
--La sensación de haber asistido al nacimiento de algo nuevo. Backrooms conecta la cultura digital, el cine de autor y el terror comercial de una manera poco habitual.
