Varias mujeres creen que la naturaleza está en su contra cuando ven que el hombre, si hace dieta, pierde más volumen mientras que ellas no han bajado ni un gramo.

¿Por qué es? El metabolismo masculino es más alto que el femenino por pura genética y constitución corporal; es decir, ellos queman las calorías mejor que nosotras.

Por eso, en el momento en que los hombres se fijan unas pautas mínimas de alimentación y las cumplen, aumentando su actividad física, el metabolismo les responde rápidamente. Además, los varones producen más enzimas en el tracto digestivo, lo que les ayuda a quemar mayor cantidad de grasa abdominal. Por si esto fuera poco, ellos sufren menos alteraciones hormonales que nosotras.

Ellos pierden peso pero solo se cumple a corto plazo

Cuando la dieta se alarga, el peso que conseguimos perder hombres y mujeres se iguala. Así lo ha confirmado un estudio, publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU., que puso a prueba diversos sistemas de pérdida de peso, desde la dieta Atkins al método Weight Watchers, para ver las diferencias entre sexos.

A los dos meses de iniciado el tratamiento, los hombres habían perdido el doble de kilos que las mujeres y tres veces más grasa corporal. Sin embargo, a los seis meses, la tasa de pérdida de peso era igual entre ellas y ellos.

Lo que ocurre es que ellos, cuando ya consideran que su objetivo está cumplido, se "relajan" más que ellas y no lo mantienen tan a largo plazo. Digamos que el hombre es más de cumplir en el corto plazo y las mujeres somos más de mantener a largo.

¿Dónde acumulamos más grasa?

Nosotras solemos almacenar la grasa de forma más dispersa en todo el cuerpo. Por eso, al bajar de peso se nos nota menos que a ellos, ya que la disminución de volumen es gradual y no tan localizada como en los varones.

Cuando iniciamos una dieta, el organismo va eliminando reservas de grasa de donde existe más cantidad. Pero a veces, para mejorar esas zonas más localizadas, hace falta algún tratamiento complementario.

Por su parte, en los hombres la grasa sí está localizada, concretamente, en el abdomen, con el peligro que supone acumularla alrededor de las vísceras, un grave factor de riesgo cardiovascular.