Aunque puedan parecer meros garabatos, los dibujos son esenciales en la vida de un niño. Elaborar figuras y rayones de colores sobre un papel trae muchos beneficios, no solo para su crecimiento intelectual y emocional, sino también para su desarrollo motriz.

“Para un niño, el dibujo es la primera representación que puede hacer sin necesidad de hablar”, comenta Silvia Ochoa, psicóloga infantil y de familia.

Según explica, cuando un niño está inmerso en este proceso siente una satisfacción enorme por poder plasmar una idea en algo material. “Para ellos, es un gusto ver aparecer algo en un papel y darse cuenta de que son capaces de crear algo nuevo por sí mismos”, dice.

Hacia los tres años, los dibujos suelen ser muy sencillos, con círculos y muñecos. “Esos trazos son una representación de sí mismos”, comenta.

En los años siguientes, el niño ya es capaz de dibujar secuencias de ideas y desplegar más su imaginación. “Con el dibujo, pueden hacer una exploración de sus capacidades y su mundo interior”.

Pero ojo, eso no significa que los niños que dibujan más sean más creativos. “La creatividad está en diferentes formas de expresión. Algunas personas la plasman solucionando problemas, porque tienen una creatividad más práctica. Otras tienen una creatividad más verbal”, aclara Ochoa.

Los niños más pequeños comienzan dibujando garabatos y a sobrepasar los límites de las figuras porque aún no dominan bien sus movimientos y son muy impulsivos. Con el paso del tiempo, ya se va perfeccionando el trazo. Eso es porque “aprenden a controlar el movimiento de sus brazos y su coordinación motriz”.

Un punto interesante es que el niño puede esbozar algunos rasgos de su personalidad por medio del dibujo. Incluso puede expresar estados de ánimo y sentimientos.

En este punto, los padres no deben agobiarse en caso su hijo use colores oscuros o dibuje objetos o situaciones negativas. Por el contrario, es importante que entiendan a través del dibujo lo que le está pasando a su hijo, para así poder ayudarlo.

Ochoa indica que los dibujos “tristes” tienen un valor grande. “Eso significa que está atreviéndose a decir cómo se siente y no sabe cómo expresarlo con palabras. No hay que asustarse, pero sí hacerle caso”.

Lo que sí está claro es que los padres no deben ver los dibujos de sus niños como una forma de competir, sino de sentir. “Un dibujo es siempre personal. No hay que frustrar al niño”.

Por ello, recomienda que los padres dejen a sus niños dibujar libremente, sin presiones. “Los niños pintan por placer, no se plantean muchas cosas. Ellos solo sienten la alegría de ver su trazo y van a querer seguir en ese disfrute siempre que los adultos no los restrinjan”.