Guillermo Ochoa continúa en el aislamiento. La victoria del Málaga 1-0 sobre Barcelona no sirvió para que cambiara la actitud inconforme que mantiene luego de que Carlos Kameni le haya ganado la titularidad.

Desde la salida al césped de los vestuarios, lo hizo con la mirada hacia abajo para caminar hasta el arco del fondo norte del estadio; luego se puso los guantes con parsimonia, sabiendo que no sería el encargado de ponerse bajo los palos como ha ocurrido a lo largo de toda la temporada oficial (dos mil 265 minutos).

Algunos saltos con balón, para luego realizar remates para “calentar las manos” del camerunés Kameni, todo bajo las órdenes del entrenador de porteros, Toni Mengual.

En un lateral del campo algunos aficionados le vitorearon a lo cual Memo respondió con una de sus manos. Miraba constantemente hacia lo alto de las graderías, como queriendo fotografiar el arco que en Málaga no ha sido de su propiedad.

Kameni se dirigió a los vestuarios, Ochoa se puso bajo la portería para que sus compañeros rematasen al arco, el mexicano no puso gran interés en detener los disparos, solo se lanzó tres veces para despejar el balón.

No estaba contento, más bien incrédulo de no poder participar en partidos de prestigio, en campos imponentes europeos como lo es el Camp Nou.

La gran gesta de sus compañeros de cortar la racha de 11 victorias consecutivas por parte del Barcelona, fue festejada por Ochoa sin aspavientos; fue el último en levantarse del banquillo para dirigirse hacia el meta del Barcelona, Claudio Bravo y abrazarlo.