Lionel Messi había tenido una Copa América Centenario redonda. Pese a que llegó lesionado, el delantero apareció en el segundo partido de Argentina en la fase de grupos y de ahí en más su nivel sólo subió para comandar a su selección a la final.

Por eso, todo hacía indicar que sería determinante para cortar con la racha de 23 años de su país sin conseguir títulos, pero eso no pasó y muy por el contrario, falló su tiro en la definición a penales ante Chile.

El trasandino fue el encargado de abrir la serie para Argentina y tenía la opción perfecta de ponerlos en ventaja, luego que Arturo Vidal fallara su remate. Sin embargo, envió la pelota por sobre el travesaño y casi rasga su camiseta para mostrar la rabia e impotencia que sentía en ese momento. Pero lo peor vendría después, cuando Claudio Bravo contuvo el tiro de Lucas Biglia y Francisco Silva anotó para que Chile se corone campeón. 

Así, Lionel Messi, con mucho de su culpa, perdía su tercera final consecutiva y no lo podía creer. En solitario, se sentó en la banca con la mirada perdida, sin entender lo que nuevamente le había pasado, y luego vendrían las lágrimas para expresar su tristeza por no poder cortar la negativa racha sin títulos. 

Sus compañeros tuvieron que sacarlo del atónito estado en el que se encontraba y lo consolaron para intentar levantarle el ánimo, pero nada le hacía mejorar su rostro. La Pulga siguió con su estigma en la selección argentina y con lágrimas subió a recibir por tercera vez una medalla de subcampeón.