El fútbol, como decía Jorge Luis Borges sobre la literatura, es orden y aventura. Y lo ocurrido con México, evidentemente, ha tenido que ver con el desorden. México gestionó a través de su entrenador, Juan Carlos Osorio, un sistema de recuperación de pelota más establecido en el achique de espacios y en la presión. Hay en todo el mundo una intención de juego y un contagio a partir de lo que ha logrado Pep Guardiola. Y lo celebro. Sin embargo, ello también es una tarea compleja, requiere de muchas horas de ensayo. En especial ante rivales como Chile, contra los que hay tener mucho cuidado con la reducción de espacios. Creo que después del segundo gol de Chile, en un clima adverso por el resultado y porque era prácticamente local, México empieza a sufrir en la búsqueda desesperada de ser ofensivo. Comienza a ser ofensivo por cantidad y a la vez tarda mucho en los regresos. Y pasa lo que pasó.

Es lamentable lo de México, un país al que yo le tengo un gran cariño. Me ha tocado dirigir a la selección y partidos como los del otro día son un golpe duro en esta búsqueda de dejar de ser un equipo protagonista para convertirse en uno candidato. Uno sabe que en el fútbol todo puede pasar, pero un 7-0 es ofensivo, toca mucho la fibra. No existe esa diferencia entre los dos equipos. Es un golpe duro para jugadores, entrenador, hinchas y dirigentes, pero es hora también de que México se solidifique en la construcción de los tiempos, de seguir avanzando y planificar la idea y el camino a transitar. No hay que quedarse con que esto exige ahora una revolución.

Del otro lado, Chile es sin dudas un equipo altamente competitivo. Da la impresión que con Pizzi no está buscando una presión tan alta, pero cuando encuentra los goles y ataca sigue siendo el Chile que te llega con cinco o seis jugadores. Y tiene un jugador que ha alcanzando un nivel que lo coloca entre los mejores del mundo: Vidal. Es impresionante el crecimiento que ha tenido. Vidal era un volante competitivo, metedor, de buena técnica, pero esta última temporada en el Bayern Múnich lo ha hecho un futbolista de excepción. No erra pases, recupera, tiene una increíble velocidad de regreso, aparece por sorpresa, mete pases de gol... Yo diría que es un Guardiolito, un pichón de Guardiola en la cancha. Chile tiene un problema gravísimo sin él en semifinales. Si dirigiera Colombia, yo estaría muy feliz de que no juegue. De cualquier modo, está claro que esa semifinal no tiene un favorito. Colombia tiene muy buenos jugadores y le puede ganar a cualquier rival, pero también se vio que se le puede complicar cualquier partido.

En el otro cruce, no hay dudas de que Argentina es el favorito. Es un choque entre un buen equipo con un maravilloso jugador, Messi, contra un gran entrenador como Klinsmann que hará lo que pueda. No minimizo a Estados Unidos, que llegó haciendo grandes encuentros. Y los partidos hay que jugarlos, está claro. Pero la diferencia es enorme.

Argentina, sin brillar, viene jugando un buen torneo. Pero hay dos problemas que creo que debe resolver. Por un lado, la defensa es muy larga por momentos. Contra Venezuela, se han acompañado jugadas que no se debían acompañar y han llegado jugadores rivales hasta prácticamente adentro del área, pateando al arco desde cinco metros. No olvidemos que Venezuela tuvo varias situaciones muy claras de gol. Y por el otro, hay cierta dificultad en el desarrollo del juego. Los mediocampistas son más bien recuperadores y los laterales más marcadores de punta que generadores de jugadas. Pero claro, en ataque hay una contundencia enorme y los jugadores te pueden ganar en cualquier momento un partido. Con espacio y de contragolpe, Argentina puede hacer una masacre a cualquier defensa del mundo. El tema va a ser cuando tenga que ir a gestionarlo el partido, ahí no tiene tanto cambio de ritmo o juego asociado. De todas formas, creo que el equipo puede y va a jugar mejor.