Su sonrisa fue inevitable al escuchar a los niños pidiéndole un autógrafo: “¡Mejía, vení, firmame mi camisa, Carlos, tomate una foto conmigo!”

Los gritos de los pequeños le trajeron gratos recuerdos. “Me viene a la memoria cuando tenía esa edad y me emocionaba al ver a Everaldo Valencia y a “la Chula” Gómez, dice, mientras los niños lo rodean e impiden que avance.

Con mucho esfuerzo y dedicación Carlos Mejía ha llenado las expectativas no solo del entrenador de Comunicaciones, sino además del técnico de la Selección Nacional, para quien se ha convertido en pieza clave, además, con 23 años, es uno de los jugadores más jóvenes de la Selección Nacional.

Pero no todo fue alegría en la vida de Mejía, su historia pasa por viajar en bus más de 60 kilómetros a diario para llegar a las prácticas, entrenarse con zapatos de paca y tener a veces solo dos tiempos de comida.

¿Cómo te sientes de ser ahora el protagonista?

Ver a estos niños me motiva, porque era como ellos. Recuerdo que en una ocasión llegaron a Cuilapa (Santa Rosa) los cremas y no tenía para ir al estadio, costaba Q10 la entrada, y le lloré a un tío para que me la comprara y logré varios autógrafos. Pero ahora, del otro lado, me doy cuenta de que tengo que ser un ejemplo para todos estos niños.

¿Qué tan difícil fue tu inicio en el futbol?

Para lograr algo en la vida hay que pasar momentos difíciles, nada bueno se obtiene sin esfuerzo. A mí me tocaba viajar desde Cuilapa a la capital para entrenar, casi siempre llegaba sin desayuno, mis padres, que Dios los bendiga, hicieron todo lo posible por sacarme adelante.

¿Cómo viajabas?

En bus, mis papás se las arreglaban siempre para conseguirme los pasajes. Corría peligro constantemente porque asaltaban mucho los buses en los que viajaban, pero gracias a Dios que Él siempre me libró. Salía de mi casa a las cinco de la mañana y regresaba a mi casa como a las tres de la tarde. Viví así por casi un año, después un amigo me permitió vivir en su casa, y así poco a poco me fui superando.

¿Qué era lo que más te costaba para entrenar?

Los zapatos. Mis papás eran de escasos recursos, económicamente estaban mal, mi papá era agricultor y mi mamá no trabajaba.

No me da vergüenza decir que me compraba zapatos de paca para entrenar. Ellos se esforzaban para llevarme a comprarlos “mirá mijo, aunque sea estos”, me decía mi mamá.

¿Y ahora que has superado esa etapa cómo te sientes?

Ahora, viendo todo lo que tengo y lo que he alcanzado, solo puedo dar gracias a Dios. Puedo comprarme los zapatos que quiera. Ahora cuando tengo la oportunidad de ayudar a un compañero que viene superándose, lo hago, porque yo pasé momentos difíciles.

¿Y ahora qué te dicen tus padres?

Se sienten felices y orgullosos de lo que he alcanzado, aunque aún tengo sueños por cumplir, como jugar en el extranjero.

¿Cómo iniciaste?

En Cuilapa jugaba en la categoría de mosquitos, era el capitán y mi equipo se llamaba Cachorros, de ahí el apodo de “Cacho”. A los 16 años jugué en Fraijanes, en la Tercera División, después me hice pruebas en las especiales de Comunicaciones, y me aceptaron en 2010. Un año antes me gradué de Perito Contador, porque mis papás me dijeron que el estudio era muy importante.

¿Cuál ha sido la clave para conseguir tus metas?

He procurado siempre ser positivo y esforzarme en lo que quiero, nunca me detengo. Hubo personas que me decían que no podría lograrlo, que no ganaba nada y que perdía mi tiempo, pero nunca les hice caso.

¿Cuál es tu mayor logro?

El hexacampeonato con Comunicaciones, y cada llamado a la Selección Nacional, con la que debuté en octubre de 2013, desde entonces he sido llamado a las convocatorias.

¿Cómo te sientes para el juego ante Trinidad y Tobago?

Motivado, igual que mis demás compañeros. El profe (Iván Sopegno) me ha dado la confianza. Tenemos la responsabilidad de sacar adelante a nuestro país, en el futbol, tenemos una bonita prueba, espero hacer bien las cosas y llegar lejos.