Cada 28 de octubre cientos de personas, nacionales e internacionales, se reúnen en San Andrés Itzapa, Chimaltenango, para venerar a la polémica imagen de Maximón o San Simón.

Su adoración es producto del sincretismo religioso y las religiones mayas de esa región.

Los rituales van desde adornar la imagen con cigarros, velas y licor hasta escupir bebidas alcohólicas a Maximón o incluso ser escupidos por un guía espiritual.

El rechazo a esta práctica parte de la creencia de quienes lo veneran que aseguran que la deidad responde a las plegarias sin importar si es para bien o si es para el mal.

La noche anterior a la celebración, las personas beben y amanecen. Durante el día, diferentes mariachis desfilan en el templo para rendir culto a Maximón mientras los devotos bailan en las afueras del lugar.