Razonable, decente, decoroso, recatado, pudoroso, justo, probo, recto u honrado. Podemos encontrar muchos sinónimos para la palabra honestidad, pero la honestidad es mucho más que una palabra, es un valor.

 
Valor que encontramos y apreciamos en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo en el área laboral. Ojo, que para decir que la honestidad es una virtud que poseo, no la puedo poner a prueba únicamente cuando me conviene. Se vuelve en un hábito, es totalmente automático y tampoco se maquilla para que se vea más bonito. 
 
Veamos este caso. Julio lleva dos meses trabajando en una empresa de encomiendas. 
 
Una de sus mayores debilidades es administrar su tiempo y enviar a los clientes lo que le solicitan, en el tiempo estipulado. Con el objetivo de conservar su trabajo, Julio siempre encuentra una razón para no ser completamente honesto, haciendo recaer parte de la responsabilidad en alguien más. 
 
¿Julio, ya contestó el cliente? “No, no ha contestado” (cuando en realidad, nunca  envió el correo) A simple vista Julio “se salvó”. A los pocos días el cliente envía un correo reclamando por no haber recibido la información.
 
¿Cuántas veces somos deshonestos con tal de no aceptar nuestros errores, y proyectar lo mejor de nosotros a quienes nos rodean? El problema no es que queramos proyectar lo mejor, sino lo que somos capaces de hacer o decir con tal de mantener esa imagen. Imagen que muchas veces, tampoco es auténtica.
 
¿Cuántas veces dejamos de decir lo que realmente pensamos con tal de caer bien? 
 
Si tu compañera de oficina te pregunta si le queda bien un pantalón, ¿le dices la verdad?  Si tu jefe te pregunta a qué hora llegaste a la oficina, ¿le dices la verdad? ¿a pesar que no te convenga?
 
Considero que a todos nos gusta la gente honesta, sin embargo, ¿Somos honestos con todos quienes nos rodean, a pesar de las consecuencias que nuestra honestidad nos pueda acarrear?
 
“Prefiero caer mal por honesta, que caer bien por hipócrita” Tampoco significa que debemos decir lo primero que nos pasa por la mente, sin pensar en “cómo” lo vamos a decir. De igual manera, concuerdo con John Lennon, “Ser honesto no puede conseguirte un montón de amigos, pero siempre te hace obtener los correctos".
 
Es parte de practicar lo que predicamos. Las palabras pueden sonar muy bonitas, pero si no son honestas, no valen nada. Al final, todo se sabe en la vida, tarde o temprano. 
 
¿Para qué cargar sobre nuestros hombros con un bulto que día a día pesará más?
 
¿Quieres ser más honesto? Agradécele a quien es honesto contigo. Admite tus errores, a pesar de las consecuencias, di lo que piensas de manera respetuosa, pero honesta. Asume el 40 que sacaste en el examen, sin pedir copia. Al final, el único responsable de las cosas que nos suceden somos nosotros, y si nos están sucediendo, es porque algo debemos aprender de ellas.
 
Recuerda que quien es honesto, no solo lo es de la boca para afuera, también lo es consigo misma. Honesta con sus pensamientos, con sus emociones y con sus acciones. 
 
Así como debemos decirle la verdad a los demás, también debemos ser honestos con nosotros mismos y asumir lo que no queremos aceptar.
 
Se honesto contigo y con todos los demás, quizás tendrás menos amigos, pero te valorarán como un amigo de verdad.