La semana pasada hablamos del comportamiento que debemos tener en la mesa y de la importancia de la etiqueta en los negocios y en la vida. Inevitablemente la etiqueta a la hora de comer me llevó a las reglas de etiqueta en una conversación. Hace algún tiempo fui invitada a una cena. Estábamos filosofando sobre diversos temas, cuando a uno de los comensales se le ocurrió cambiar drásticamente a un tema político. Daba la sensación de que quería desahogarse y decir a los cuatro vientos lo que pensaba. Por un momento parecía un monólogo. Después de unos minutos, los demás invitados nos mirábamos a los ojos, expectantes a la reacción del anfitrión. A los pocos minutos uno de los invitados se levantó de la mesa y se retiró. Para qué les explico lo incómoda que se volvió la situación. El ambiente se tornó tenso. Ya nadie quería hablar. Lamentablemente, el caer en equivocaciones a la hora de entablar una conversación alrededor de una mesa es más fácil de lo que creemos. Sin embargo, ¿cómo saber qué es correcto o incorrecto? ¿Y si a mí el tema me apasiona pero a otros les parece de lo más desagradable? Y es que no falta el que dice un comentario desubicado o quien toca un tema que inevitablemente causa controversia. Aceptémoslo, nadie quiere cenar con alguien que terminará, tarde o temprano, metiendo la pata. Sin duda, nuestros familiares y amigos ya nos conocen y probablemente nos aceptan tal cual somos, pero si cometemos ese error con la familia de la novia o con el accionista de la empresa, dudosamente correremos con la misma suerte.Veamos algunos consejos:
Presta atención:
Por muy aburrido que sea el tema o la forma de hablar de tu interlocutor, debes prestarle atención y mostrarte interesado en lo que esté hablando. Míralo a los ojos mientras habla y evita, a toda costa, estar viendo la hora o el celular.Retroalimentar:
Cuando hablamos de un tema nos damos cuenta del interés de la otra persona, por las preguntas que hace o por los comentarios que aporta a la conversación. No olvides retroalimentar a tu interlocutor para demostrar interés.
Temas sensibles:
Todos sabemos que no es recomendado conversar de política ni de religión. Ahora se ha sumado el hablar de dinero, y además, el hablar mal de otras personas, que solo nos hace quedar mal a nosotros mismos.
Interrogatorio:
Cuando el silencio parece inundar la reunión, no es recomendable hacer preguntas estilo interrogatorio a los invitados o al dueño de la casa.
Monólogo:
Cuidado con monologar. Por muy interesante que sea tu tema, no es correcto apropiarse de la conversación. Deja que todos hablen, sobre todo el dueño de la casa o quien invitó a la reunión.
Actualízate.
No hay nada más terrible que tener que sentarte al lado de una persona que habla literalmente “puras tonteras”, siendo inevitable ver el celular cada cinco segundos. Probablemente el hablar de banalidades sea más fácil, pero de esta forma nunca nos convertiremos en personas interesantes, dignas de ser invitadas. Mantenerse actualizado sin duda nos abre puertas y nos da muchos temas de conversación. ¡Ya tenemos varias técnicas! Estas harán que nos lluevan invitaciones a cenar, que los suegros nos amen, y lograrán que el jefe nos quiera llevar a todos los almuerzos de negocios. Ahora solo falta aprenderlas y ponerlas en práctica. “Una sola conversación de sobremesa con un hombre sabio vale un mes de lectura de libros”. (Proverbio chino)