“El estudio identifica que los principales lugares de destino de trabajo temporal migratorio están en la costa y la boca costa sur del país. Es decir, desde San Marcos hasta Santa Rosa, incluyendo las partes bajas y medias de Quetzaltenango y Chimaltenango”.

La semana pasada presenté la historia de Carlos González. Un guatemalteco que toda su vida laboral fue un trabajador agrícola temporal, en fincas de algodón y café. En el país hay muchísimas historias así.

Después de publicar la columna con fragmentos de la vida de don Carlos me quedó la espinita de escribir un poco más sobre el trabajo agrícola temporal para presentar información que ayude caracterizar la situación del trabajo temporal en el país.

El estudio “Trabajadores agrícolas temporales: historias de vida laboral”   que realizó Asíes, narra cuatro historias de vida de trabajadores agrícolas temporales. En las historias se interiorizan los problemas que cotidianamente tuvieron que enfrentar los trabajadores agrícolas. El estudio brinda una perspectiva humana para conocer el día a día en el campo. Las historias narran momentos escalofriantes con los relatos inhumanos y tristes, principalmente cuando se refieren a las condiciones en las que trabajan los trabajadores agrícolas temporales.

El trabajo temporal migratorio, vinculado a productos de exportación, está presente en la historia del país desde finales del siglo XVI con el cultivo del añil. Luego fue el café, que a mediados del siglo XIX se convirtió en el principal producto de exportación y en el eje de la economía nacional. En esta época el trabajo temporal adquiere más importancia por la demanda de mano de obra en las fincas cafetaleras.

El Estado puso a disposición de los productores cafetaleros la infraestructura de comunicaciones, la legislación y políticas económicas que favorecían la producción del café. Incluso, para asegurar mano de obra, se promulgó la Ley contra la Vagancia y la libreta de jornaleros, que promovían básicamente el trabajo forzoso en la caficultura.

A partir de la primera mitad del siglo XX el trabajo temporal migratorio se desarrolla en los cultivos de café, caña de azúcar y algodón. A mediados de la década de los 80, el cultivo del algodón deja de tener la importancia que había adquirido para la economía nacional.

El estudio identifica que los principales lugares de destino del trabajo temporal migratorio están en la costa y la boca costa sur del país. Es decir, desde San Marcos hasta Santa Rosa, incluyendo las partes bajas y medias de los departamentos de Quetzaltenango y Chimaltenango.

Por otro lado, menciona que los principales lugares de origen de los trabajadores temporales son el norte del departamento de San Marcos, y los departamentos de Huehuetenango, Quiché, Totonicapán, Sololá, Chimaltenango, Baja Verapaz, Chiquimula, Jalapa y Jutiapa. También menciona una corriente de trabajadores temporales que migran hacia Chiapas, México, y recientemente, al occidente de Honduras.

El estudio menciona que las encuestas de empleo no recogen datos sobre el trabajo temporal migratorio, pero a partir de otros estudios, se estima que en la actualidad podrían participar entre 255 mil y 360 mil trabajadores en la cosecha de café, en tanto que ASAZGUA reporta 35 mil personas para la zafra.

En el estudio se destaca que la pobreza existente en los municipios , la falta de acceso a la educación, la ausencia de oportunidades de empleo, entre otros aspectos, dejan como única opción laboral el durísimo, pero léase bien, el durísimo trabajo agrícola temporal.

La discusión debe estar orientada a las opciones de política pública para impulsar el desarrollo humano integral en el país. A diseñar e implementar las políticas que promuevan la inclusión y no la exclusión, el trabajo decente y no el desempleo, el desarrollo y no la pobreza. ¿Qué estamos haciendo cómo país? Los invito a conocer el estudio en www.asies.org.gt.