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Hemos presenciado los primeros 90 minutos del primer debate presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton en Estados Unidos.

Esta ha sido una elección muy controversial con un candidato insurgente, un rebelde de fuera de la clase política, con una boca muy grande y una actitud de magnate neoyorquino, que reta a una candidata que, a ratos, se ve cansada y que representa la corrupción en Washington y que, si la eligen, significaría la continuación de una política exterior estadounidense desastrosa.

Las debacles en Libia, Siria, el desastroso pacto con Irán y la vergüenza continental de apoyar al régimen cubano y ahora a las FARC con la desastrosa negociación colombiana en La Habana son algunas muestras del desastre de política que la administración de Obama representa para EE. UU. y el mundo.

Hillary Clinton es necesariamente parte de ese legado y, aquí entre nosotros, parte fundamental de la polarización política guatemalteca por el apoyo estadounidense a la exfiscal general Claudia Paz y Paz, que dirigió un MP que apañó la corrupción del corrupto régimen de la UNE e inició la farsa del negocio del genocidio por múltiples ONG patrocinadas por dinero estadounidense y europeo.

Trump, por otro lado, también representa un mercantilismo proteccionista muy peligroso para el libre comercio mundial, aunque tiene planes creíbles para reducir el gasto público y los impuestos, y un plan para atraer inversión de regreso a EE. UU., que gracias a Obama y a los republicanos tienen el sistema de impuesto sobre la renta corporativo más alto de todo el mundo desarrollado y más de 20 trillones de dólares en deuda pública, que prácticamente coloca al mundo entero en un riesgo de default en el mediano plazo de la deuda estatal estadounidense.

Trump ha dado muchas declaraciones públicas desastrosas y ofensivas, pero incluso así lo consideran honesto y alguien que dice lo que piensa por el votante promedio norteamericano. Esto verdaderamente contrasta mucho con el discurso fabricado y pulido lleno de talking points de Hillary Clinton.

Ambas opciones lamentablemente acarrean muchos riesgos para Guatemala. Ambos candidatos, republicano y demócrata, tienen altísimos negativos con sus bases respectivas de votantes y están prácticamente en un empate técnico en la mayoría de las encuestas. Este primer debate presidencial ha sido considerado por los analistas no partidarios como un empate, quizá con una ligera ventaja para Hillary Clinton, pero nada que defina la elección aún.

En esa coyuntura, Trump ha logrado empatar a Clinton en estados claves para los votos del colegio electoral, como Ohio, Florida, Pensilvania y Colorado, con lo cual lo que se pensaba iba a ser una fácil elección para Hillary es ahora una carrera muy pero muy cerrada y cercana.

Habrá que ver si Trump, quien se ha caracterizado por ser un luchador que ha logrado remontar sus errores, logra mejorar su participación en los siguientes dos debates restantes.

God bless the people of the United States! y ¡que Dios salve a la República de Guatemala!