En Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, hoy sus habitantes hacen colas para obtener alimentos y esporádicamente cuentan con luz y agua. Se convirtió en un lugar inseguro, con un gobierno violador de los derechos humanos, con muchos presos políticos y en contra de la libertad de expresión. Un país sin medicinas, con una inflación que, según el FMI, puede llegar este año a 700%, sumido en la peor crisis económica de su historia y decrecimiento de 8% en su producción.

Hugo Chávez llegó al poder en 1999 a Venezuela y gobernó por casi 14 años consecutivos. Fue cambiando la Constitución a su medida, cooptó los distintos poderes del Gobierno, se reeligió dos veces, sobrevivió a un golpe de Estado en 2002 y murió siendo presidente, heredando el poder a su sucesor, Nicolás Maduro. Apeló al populismo para lograr a la mayoría de sus adeptos, acudió a la democracia directa como mecanismo de legitimar su gobierno y mantenerse en el poder.  Militar, exgolpista (1992), por lo que estuvo preso, apadrinado por los hermanos Castro, con quienes compartieron el poder a cambio de petróleo barato para Cuba y que además extendieron su hermandad con otros países latinoamericanos implementando el llamado “Socialismo del Siglo XXI”.  Su poder casi absoluto lo convirtió en una época en uno de los  hombres más millonarios de Venezuela –poseía fincas, aviones particulares y joyas costosas–. Según un experto, se calculaba  que la fortuna de su familia era de US$1,800 millones.

Maduro no ha tenido ni la inteligencia, ni la capacidad, ni los recursos de que gozaba Chávez. El desplome de los precios del petróleo, sumado a la mala administración pública, más una competencia política más organizada, han presionado para que Maduro deje el mandato. En diciembre del año pasado la oposición bajo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) logró mayoría en la Asamblea Nacional  (112 de 167), lo que puso en jaque al presidente Maduro.

Como su Constitución del año 1999 y la normativa lo permiten, la oposición venezolana inició la causa para revocar el mandato de Maduro. Con alrededor de 200 mil firmas pueden activar el proceso y se han recogido más de dos millones. Ante esto, Maduro se ha inventado una serie de pasos para no realizar el referendo revocatorio.

Los venezolanos han lanzado un SOS al mundo, una señal de socorro para salvarse ante su situación, apelando a la Organización de los Estados Americanos (OEA). Se ha abierto el proceso de la Carta Democrática Interamericana, un instrumento para defender los principios de la democracia en cualquier de los países miembros. Se presentó al Consejo Permanente y está pendiente su resolución. Esperamos que en los próximos días se pronuncien a favor del pueblo venezolano.

El reto de sacar adelante a Venezuela es grande. El sistema político y económico ha erosionado las instituciones, acabó con el mercado y ha hundido al país en la pobreza. Pero los venezolanos tienen muchos deseos de cambio y están haciendo todo el esfuerzo para lograr su transformación. La región debe apoyarlos, y Maduro deberá someterse al proceso de revocatoria y, ojalá, a la justicia internacional.

La lección aprendida es que la democracia requiere de equilibro de poderes, instituciones fuertes, distintos partidos políticos, y definitivamente alternancia en el poder. Los gobiernos autoritarios no son la solución para nuestros desafíos y mucho menos tiranos que oprimen a sus ciudadanos. ¿Qué opina de Venezuela? ¿Cuáles serán los siguientes pasos de Maduro? ¿Cómo podría Guatemala apoyar?