Es muy delicado que el presidente se vea muy debilitado no solo por sus malas decisiones políticas, como nombrar una ministra de Salud incompetente, en lugar de apoyar al ministro saliente, como tratar groseramente con un ministro de Finanzas.

Precisamente cuando me dirigía a escribir mi columna, estalla un nuevo escándalo presidencial, que involucra lamentablemente al hijo y al hermano del presidente de la República, en un nuevo y posible acto de corrupción, que puede estar asociado al escándalo de la exdiputada del PP, ahora detenida, Anabella de León, por ventas anómalas de servicios no prestados al Registro de la Propiedad.

El presidente, supongo, ha tratado de adelantarse al escándalo haciendo lo que seguramente fue una penosa declaración junto con su señora esposa, tratando de explicar los hechos.

Se equivoca la presidencia de la República totalmente si cree que la prensa no les va a preguntar al presidente y al vocero presidencial sobre el escándalo y los pormenores del caso. Es increíble que, luego de semejante declaración, la presidencia suponga que la prensa no hará sus averiguaciones o preguntas. La fiscal general Thelma Aldana ha confirmado que hay una investigación abierta en ese sentido y que no puede dar detalles porque es una investigación en curso.

En mi opinión, esto acaba con los pocos jirones de credibilidad con los que contaba aún el gobierno, que no tuvo ni siquiera un año de luna de miel o un compás de espera luego de asumir el poder, después de presenciar la República uno de los escándalos de corrupción más oprobiosos de la historia moderna del país, al ver la ciudadanía con lujo de detalles la corrupción del partido patriotero y sus más altas autoridades que incluyeron al presidente de la República, a la vicepresidenta, a varios ministros de Estado, secretarios, testaferros y ahora hasta financistas involucrados en mantener la corrupción política.

Este nuevo escándalo necesariamente toca a la más alta figura de autoridad pública del organismo Ejecutivo, otra vez.

Es delicado que un gobierno se tambalee a escasos ocho meses de haber asumido el poder. Es muy delicado que el presidente se vea muy debilitado no solo por sus malas decisiones políticas, como nombrar una ministra de Salud incompetente, en lugar de apoyar al ministro saliente, como tratar groseramente con un ministro de Finanzas, novato de aumentar fuertemente los impuestos sin ninguna muestra de austeridad o diálogo o explicación, de negociar un domingo en la Casa Presidencial con Joviel Acevedo, una de las figuras sindicales más detestadas en todo el país y mencionado en los escándalos de corrupción en las grabaciones del exsecretario Monzón, de la exvicepresidenta Baldetti y entregarle a ese sindicato corrupto el manejo de cientos de millones de quetzales de la refacción escolar.

Por supuesto que no soy de la opinión del nefasto grupo semilla y los corifeos de la extrema izquierda entre los cuales hay funcionarios y defensores de otro corruptísimo partido político, como la UNE, de hacer o pedir la renuncia presidencial, para entrar en otro nuevo ciclo de inestabilidad política e institucional, todavía mayor al cual ya nos encontramos. El presidente se ha dado cuenta de que la sociedad le reclama no tener un rumbo, el poder estatal necesita tomar su cauce y dar muestras de gobernabilidad, de austeridad en el gasto público, de enfrentar a pactos colectivos y sindicalistas corruptos, de nombrar funcionarios competentes no advenedizos que pretenden convertir los ministerios en experimentos sociales ideológicos y racistas, y nombrar funcionarios representantes de ideologías fracasadas que odian a Guatemala y que hasta tienen la soberbia de decirlo así expresamente en sus redes sociales.

Insisto, señor presidente, aún es hora de cambiar el rumbo.