Lo inevitable ocurrió y se terminó de completar el cuadro de “La Línea”, que revela lo sospechado por casi todo mundo: que el máximo cargo de representación política de la Nación había sido usurpado para delinquir y enriquecer ilícitamente a una compleja estructura de defraudación aduanera y seguramente dedicada a muchos otros ilícitos dentro de la administración pública.

La orden de captura de la señora Baldetti vino acompañada de una solicitud de antejuicio contra el Presidente, señalado también de ser cómplice de los delitos de asociación ilícita, defraudación tributaria y cohecho pasivo. Lo ocurrido ayer es histórico desde todo punto de vista. Es la primera vez que se juzga en el cargo a un binomio presidencial por delitos comunes y los deja fuera del poder dentro del periodo para el cual fueron electos.

Aunque el Presidente dice que no renuncia, él ya perdió las condiciones para ejercer el cargo, y será cuestión de horas que alguien le haga ver lo inútil e insostenible de su terquedad y ceguera política. Para el país es una gran oportunidad. El primer efecto es limpiar la imagen negativa de un país conocido por ser paraíso de la impunidad. En segundo lugar, se abren espacios para seguir limpiando la gestión pública de todas las capas de corrupción y por último un mensaje aleccionador al resto de la clase política que se resiste a someterse al mandato popular de ser dignos representantes y no agentes con poder para enriquecerse y satisfacer sus insanas ansias de acumulación y poder banal.

Para los poderes Judicial y Legislativo también es un llamado de atención, dado que el vendaval levantado por las investigaciones de corrupción puede asomar a sus en endebles techos y derribarlos por igual. Más les valdría arrodillarse ante la tempestad y cumplir con las demandas ciudadanas que han ignorado hasta ahora y que se resisten entrar a conocer y aprobar.

Hicieron de la Presidencia su agosto pero fue también en agosto que les llegó la hora de enfrentar la justicia. Se dice en Transparencia Internacional que no hay combate a la corrupción en serio sino se fríe a los peces gordos. Guatemala es víctima de lo que se denomina un esquema de Gran Corrupción y por tanto, a grandes males, grandes remedios.

Pero además de hacer que los corruptos enfrenten la justicia, hace falta moldear la administración pública para alejarla de los incentivos perversos y encauzarla por la vía de la profesionalización y la probidad. Solo cuando concretemos esos cambios podremos darnos un respiro y decir que la corrupción ya no nos gobierna.