Guatemala está cambiando. Poco a poco, pero sin detenerse. A pesar de la resistencia ejercida desde el conservadurismo, por un lado, y desde el hampa, por el otro. Este cambio lo evidencian la CICIG y el MP cada cierto tiempo. La semana pasada, por ejemplo. Fue contundente la manera en que el tema de las plazas fantasma irrumpió en las noticias. Esas mismas plazas fantasma que, como mucha de la gangrena moral que sufrimos, veíamos como “normales” hasta hace un año. El aprendizaje se mantiene: no podemos seguir viendo como parte del paisaje lo que no es parte de este. Nunca jamás.

Será interesante oír a quienes aceptaron esos puestos de trabajo. Los citará el juez contralor. ¿Cuáles serán sus argumentos para explicar por qué recibían el pago sin trabajar o bien por desempeñar labores para las que no estaban calificados? ¿Se atreverán a confesar que formaron parte de un botín? ¿Denunciarán a “peces gordos” de la política para no verse involucrados en un proceso penal? Alguien me decía que este caso puede convocar a la mayor lista de “colaboradores eficaces” de los últimos tiempos. Y, aunque posiblemente fue una guasa, no deja de ser un planteamiento provocador. Y certero. A propósito, quien no habló en broma en cuanto a esa figura fue Marvin Flores de Acción Ciudadana. Su sugerencia es que Luis Mijangos, exdirector del Congreso, también detenido, sea reclutado como “colaborador”, pues viene siendo el más indicado para “contar toda la película”. Si alguien sabe de lo ocurrido en “la novena avenida” durante los últimos años es él. Paralelamente, será revelador cómo evolucione el proceso del antejuicio. Mientras tanto, por la inmunidad que los reviste, los siete diputados que integraron la Junta Directiva 2015-2016 hasta podrían irse del país. Aunque en realidad poco ganarían huyendo. Hoy día ya no es tan fácil evadir a la justicia de ese modo. Lo mejor para ellos, si se consideran inocentes, es quedarse. Además, es previsible que no sean los únicos que resulten señalados por este tipo de acciones. De hecho, se investigan documentos desde 2008. Lo dijo el presidente del Congreso, Mario Taracena, en una entrevista por la radio. Y eso traerá consigo más capturas y más antejuicios. La Guatemala de 2016 lo exige así. Con debido proceso, por supuesto. Pero sin detenerse frente a nadie por razones de investidura o de poder de influencia. Uno de los cambios más significativos de estos últimos 13 meses ha sido precisamente que la idea de los “intocables” va erosionándose cada vez con mayor fuerza. No está lejos de la verdad la escritora Carolina Escobar Sarti cuando se refiere a estos hallazgos de las plazas fantasma como “La Línea 3”. Con todo lo que ello implica.

Para muchos, en cuenta la fiscal general Thelma Aldana, es inconcebible que la Contraloría no haya establecido antes semejante vejamen laboral en las altas esferas del Congreso. Hoy está previsto que el actual titular de esa entidad, Carlos Mencos, dé a conocer los datos de sus investigaciones. No puede descartarse que se presenten acciones legales contra la excontralora y hasta contra algunos de sus funcionarios. Es la otra parte del aprendizaje: no es cuestión de haber pasado por las entidades y que al ya no estar ahí las responsabilidades se esfuman. No. Si alguien fue negligente, cómplice o corrupto, la justicia debe perseguirle. Y hablando de eso, nuestro sistema judicial enfrenta enormes retos, hasta hace meses inimaginables. Tanto en materia de juzgar a muchos otrora “intocables”, como en la cantidad de “intocables” que cada semana resultan señalados por el MP y la CICIG. En el Sistema Penitenciario estamos por llegar a los 20 mil 500 internos. Y al paso que vamos, las “cárceles especiales” tienden a colapsar más pronto que tarde. El tema de los recursos es clave en todo esto. La asfixia financiera que sufre el Ministerio Público no es nueva, pero sí de una apremiante vigencia. Hasta papel higiénico les falta, de acuerdo con una fuente interna. Por eso no deberíamos ver con horror la creación de un nuevo impuesto especial para la justicia. Porque como lo afirmó María del Carmen Aceña, del CIEN, procesos que duren cinco años atentan contra nuestra posibilidad de ver un vestigio de luz en este sinuoso y terrorífico túnel.

Reconozco que en el periplo puede haber víctimas inocentes. Ya las hay, de seguro. Son inevitables, según yo. Y a todos nos tocará vivir algún episodio complicado en la catarata de acontecimientos que se avecina. Mario Taracena insiste en que hay 2 mil 500 empleados de más en el Congreso. Y de tal cosa no exculpa a los sindicatos. Hasta habla de complicidad criminal entre algunos de sus integrantes y varios diputados. Todo eso tendrá que destaparse o aclararse. La presunción de inocencia, hasta en casos tan escandalosos como este de las plazas fantasma, debe ser respetado. Guatemala está cambiando. Poco a poco, pero sin detenerse. A pesar de todas las resistencias hacia ello y de la aún considerable apatía de buena parte de la población. Por primera vez desde que me acuerdo parecieran tambalearse los poderes paralelos. El aprendizaje se mantiene: que nadie detenga esto.