La efervescencia política está concentrada en la intensa dinámica judicial que se está desarrollando con los procesos de corrupción en el país. Ojalá que las investigaciones del Ministerio Público –MP– y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG–, como los consecuentes procesos judiciales, nos lleven a encontrar a todos los involucrados y que estos sean juzgados en los tribunales. Guatemala necesita justicia.

La lucha contra la corrupción ha logrado acaparar mucha de la atención e importancia de la opinión pública. Sin embargo, también hay otras prioridades que no debemos dejar por un lado. Es decir, no debemos dejar que la atención de temas estructurales pierda interés e importancia en la agenda pública.

Hace unos días se presentó una terrible noticia que desnuda la realidad socioeconómica de nuestra sociedad. Guatemala es el único país latinoamericano en el que aumentó la pobreza durante el período de 2000 a 2011.

La noticia no causó la misma indignación que han provocado otras noticias, como las capturas y los procesos judiciales por actos de corrupción. De hecho, paso desapercibida y no motivó una discusión sobre los efectos de la corrupción, más allá de los procesos judiciales. Cuando desde mi perspectiva, esta noticia muestra una relación directa entre la corrupción y el incremento de la pobreza. Entre la corrupción y los altos índices de desnutrición crónica, que afectan a la mitad de los niños guatemaltecos menores de 5 años.

Es decir, el dinero que terminó en las cuentas y los bolsillos de los corruptos, ya no llegó a las instituciones y a las personas que más lo necesitan en el país. Causa indignación saber que somos el país en Latinoamérica que empeoró en lugar de mejorar en los indicadores socioeconómicos. Y esto tiene una relación muy estrecha con la corrupción.

El informe anual sobre Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), enfatiza en que las políticas públicas de los últimos gobiernos para combatir la pobreza han sido un fracaso.

En este contexto, los desafíos que se plantean para el gobierno son cada día más grandes. En materia de cobertura y calidad educativa, para solucionar la crisis del sistema de salud pública, y también para solventar las diversas dificultades que enfrentan el resto de ministerios.

A nivel municipal también es importante preguntarse qué están haciendo los gobiernos locales para prestar servicios públicos locales de calidad que promuevan el desarrollo humano. No olvidemos que también en las municipalidades hay corrupción.

Por ello, es necesario definir una agenda de país que nos permita no solo fiscalizar el uso de los recursos públicos a través de procesos de fiscalización y transparencia; sino también mejorar la capacidad institucional para priorizar y hacer un uso más eficaz y eficiente de los mismos. De igual manera, hay que establecer rutas de acción (proyectos, planes y políticas públicas) que permitan atender los principales problemas del país: pobreza, desigualdad y desnutrición crónica. Solo por mencionar algunos.

No olvidemos que la transformación de Guatemala se realizará cuando dejen de morir niños por desnutrición, cuando tengamos una sociedad con más y mejores oportunidades, y en general un sistema social, político y económico que promueva el desarrollo humano integral. Hay mucho por hacer. ¿Qué opina usted?