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Entre los múltiples sucesos de la semana pasada, posiblemente el más importante fue la entrega del Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el Ejercicio Fiscal del 2017, que asciende alrededor de Q79 mil millones (14% de la producción nacional -PIB-). Penosamente se le puso más atención a “la cabeceada” que dio el presidente durante su presentación al público que al contenido del presupuesto en sí. Cada año se hacen comentarios similares al presupuesto: es el más alto de la historia –siempre lo es. Hay una gran brecha fiscal –nunca ha dejado de haber. La mayoría se va a sueldos y en salarios –maestros, salubristas, policías y fuerzas armadas son el grueso del presupuesto del Ejecutivo. El presupuesto es rígido –lamentablemente así lo manda la Constitución y las leyes. Este año no se ha gastado suficiente –la mayoría de recursos se consume en el último trimestre del año.

En esta propuesta se encuentran algunas luces y sombras. Positivo que se haya discutido en forma abierta y haber tenido la oportunidad de escuchar a los distintos funcionarios al presentar sus propuestas y anhelos al respecto. Luego en la propuesta, se considera importante que el listado geográfico de obras contemple 90% de inversiones en proyectos relacionados con salud y educación (alrededor de Q6,380 millones), esperando que si así fue, se respeten y no sean cambiados por los diputados. También se asignan Q2,096 millones más al sector de seguridad y justicia, y ahora que se conocen los cuellos de botella y la eficiencia de la justicia criminal se permitirá su inversión en un mejor resultado. Se estipulan más recursos a los sectores de educación, salud e infraestructura, basado en las prioridades señaladas por el gobierno.

Entre las sombras está obviamente que los impuestos cubrirán tan solo el 70% del gasto, y se proyecta un déficit fiscal de 2.2% en relación con el PIB. No queda claro cuánto de los aumentos en educación y salud irán a financiar pactos colectivos, debido a que el gobierno aún no fija una postura al respecto. Tampoco se encuentran medidas concretas de racionalización del gasto en algunos programas y proyectos, lo que causa decepción, ya que aún hay esperanza de algo distinto. Por otro lado se evidencia un proceso complicado de su negociación con la actitud que han tomado varios congresistas miembros de la Comisión de Finanzas y Moneda –en su mayoría del partido UNE–. No dieron señales claras de apoyo a la Reforma Tributaria previamente acordada y no conceden un dictamen favorable a los cambios que requiere la Ley de Contrataciones.

Más molesto aún es el pronunciamiento de la bancada UNE de rechazo casi total a la propuesta de presupuesto. Señalaron que no tenía sustento técnico, criticaron la ejecución baja del Ejecutivo (23%), cuestionaron el monto de endeudamiento y su déficit –olvidando que en la última década ellos alcanzaron el mayor déficit en 2010 con 3.3% en relación con el PIB. Además, comentaron buscar la eliminación del gobernador en la ejecución de las obras de los Consejos de Desarrollo y dejarle la responsabilidad de realización de éstas a las municipalidades. Pareciera que este partido político se quiere convertir en quien manda en el Ministerio de Finanzas, ya que se ha vuelto en el que dictamina qué hacer, como se hizo con la reforma a la SAT, y después no cumplen lo pactado.
¿Está de acuerdo con seguir endeudando al país? ¿Qué le recomendaría al ministro de Finanzas para lograr mejores resultados con el Congreso? ¿Cómo diseñar un presupuesto óptimo?