Los temas más importantes de la agenda de país y de reformas los ha puesto el Congreso de la República. Generando las condiciones para discutir sobre problemas como la corrupción y el nepotismo; evidenciado en la forma en que los diputados asignan las contrataciones en el Congreso. Esto abre una valiosa ventana de oportunidad para reformar aspectos sustantivos de nuestro sistema político.

Los acuerdos se están construyendo y van en la línea de articular una agenda que contenga reformas a leyes importantes del sistema político. Reformas orientadas a fortalecer a las instituciones, perfeccionar los mecanismos de representación y democratizar el sistema. En este sentido, surge en primera fila la reforma a la Ley Orgánica del Organismo Legislativo (LOOL), ley que norma las funciones, los órganos, las atribuciones y el procedimiento parlamentario del Congreso.

La discusión de la reforma a la ley orgánica del Congreso no debe remitirnos solo a aspectos de forma sino también a los de fondo. La idea no es cambiar para que todo siga igual. Eso representaría un desgaste político alto para un órgano que tiene poca credibilidad y confianza de la ciudadanía, es cavar su propia tumba y alimentar la crisis de representatividad y legitimidad del sistema político guatemalteco.

La actual legislatura parece tener una lectura muy adecuada de la situación política que atraviesa el país. Ha tenido una dinámica intensa en las primeras sesiones ordinarias. A diferencia de la última legislatura en donde el Congreso estuvo prácticamente paralizado. En las primeras sesiones se distribuyeron las presidencias de las comisiones de trabajo, y en las posteriores ya se tenía acuerdos para integrarlas. Estas dos acciones en la pasada legislatura tomaron en ocasiones varios meses, impidiendo de esa manera que la agenda legislativa avanzara. Una táctica deliberada para bloquear el Congreso.

Esta intensa actividad legislativa puede ser aprovechada para aprobar reformas a la LOOL orientadas a generar condiciones para que las interpelaciones no se utilicen para bloquear la agenda. La interpelación es un instrumento válido y necesario para la fiscalización. En la última legislatura el uso desmedido y sin objetivos claros la desnaturalizó. Es necesario que recupere su carácter y esencia.

De igual manera, la reforma debe orientarse a regular el funcionamiento de las comisiones de trabajo. Evitar que los Diputados utilicen los recursos del Congreso de manera discrecional con objetivos personales. Entre otros aspectos importantes que tienen una influencia directa en el desempeño del Congreso.

Los diputados tienen en sus manos una oportunidad histórica para dar luces de esperanza y aires de cambio. Esto implica un compromiso con las demandas que han exigido reformas al sistema. La ventana de oportunidad para las reformas está abierta, pero como ha sucedido en otras ocasiones, cualquier viento fuerte la puede cerrar. ¿Qué opina usted?