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El acceso de las mujeres a la tierra es un tema que no debe pasar desapercibido para las sociedades de América Latina y en particular para Guatemala. Históricamente la población rural ha tenido acceso muy limitado a la propiedad de la tierra, inclusive desde la época de la colonia, cuando se instituyó una estructura productiva latifundista. Esa situación, que apenas ha cambiado, mantiene modelos económicos que privilegian formas de explotación de los recursos que han dejado fuera de la economía productiva a la mayoría de la población rural. Las mujeres rurales enfrentan normas y patrones culturales que no han favorecido su acceso equitativo la propiedad de la tierra. En el informe “Privilegios que Niegan Derechos” Oxfam resalta que la concentración de la propiedad de la tierra es una de las causas estructurales de la desigualdad económica que se expresa en América Latina y el Caribe, donde el índice de concentración del ingreso –medido por el coeficiente de GINI– es el más alto de todas las regiones del mundo (.48). Estas desigualdades extremas, según el informe, están relacionadas con la manera en que las élites políticas y económicas influyen en las decisiones del país.

En el caso de Guatemala la situación es más dramática, pues la pobreza no se ha reducido de manera significativa (contrario a otros países de la región) al tiempo que la concentración del ingreso no ha variado. Hoy Guatemala es uno de los 3 países con mayor desigualdad de ingresos de la región.

En Guatemala se puede apreciar cómo el sector privado organizado ha vetado de manera recurrente los intentos de cualquier reforma en el sector agrario. Tal como señalan las organizaciones de mujeres rurales, sin reformas y políticas públicas de apoyo al sector agrario y agrícola, donde las mujeres estén como actoras de su propio desarrollo, será muy difícil para Guatemala avanzar hacia el disfrute de los derechos básicos para todas las personas.

La Red Centroamericana de Mujeres Rurales, Indígenas y Campesinas (RECMURIC), que lanzará junto a Oxfam su informe Tierra para Nosotras el 15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales, recomienda que para enfrentar la desigualdad económica y de género es imprescindible fomentar políticas de acceso a activos –tierra, al ahorro y al crédito– para las mujeres en iguales condiciones que los hombres. Esto permitirá a las mujeres, y así lo hemos comprobado en Oxfam tras el acompañamiento en procesos de empoderamiento, mejorar su liderazgo económico y contribuir a los ingresos y la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades.

En ese sentido, si el nuevo gobierno que se instale en 2016 verdaderamente quiere combatir la pobreza y la desigualdad en el país, deberá fijar como una de sus metas prioritarias la mejora en el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra e incrementar la inversión para fomentar la agricultura a pequeña escala en favor de las mujeres rurales, indígenas y campesinas.

Es cuestión de voluntad de los gobiernos lo que se necesita para un cambio que beneficie a todas las mujeres rurales y, con ello, a Guatemala.