"El año pasado con las manifestaciones recuperamos espacios públicos y nos expresamos de manera libre. Perdimos el miedo y gritamos, demandamos y soñamos con un país distinto. En los corazones de los manifestantes palpita un deseo de poner un hasta aquí a la corrupción e impunidad".

Un día inolvidable. El 25 de abril del 2005 pasó a ser un día histórico para nuestra vida política. Esa fue la fecha de la primera manifestación de las muchas que se dieron en medio de la crisis política que vivimos con intensidad el año pasado. Fue el inicio de las jornadas cívicas en la plaza central. Que se fue contagiando, cada fin de semana, no solo en la ciudad capital, sino que también en muchos lugares en el interior del país.

El objetivo de las marchas era mostrar la insatisfacción y el rechazo al sistema político corrupto. A la plaza se daban cita los sábados los ciudadanos de todas las edades, profesiones, ocupaciones, grupos étnicos y posición socioeconómica. Una diversidad y heterogeneidad expresada no solo en las características de los manifestantes, sino también en la multiplicidad de las demandas y consignas expresadas en la plaza.

Los ciudadanos se volcaban con un espíritu democrático, profundamente indignados y manifestando su repudio y rechazo al sistema político en su conjunto. Los casos de corrupción fueron los elementos que provocaron una reacción inimaginable. La indignación por la corrupción fue el pegamento que logró unificar a esa marea de ciudadanos inundó la plaza.  

Usted me puede juzgar de soñador pero estamos rompiendo con un pasado de silencio y desinterés político. El año pasado con las manifestaciones recuperamos espacios públicos y nos expresamos de manera libre. Perdimos el miedo y gritamos, demandamos y soñamos con un país distinto. En los corazones de los manifestantes palpita un deseo de poner un hasta aquí a la corrupción e impunidad.

El cambio no se dará de la noche a la mañana y tampoco será sencillo. Dimos un paso importante. No solo importa la corrupción y la impunidad. También la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la desnutrición, los servicios públicos ineficientes e insuficientes, la inseguridad, el desempleo, entre muchos otros problemas que enfrentamos como sociedad.

El 25 de este año no hubo una manifestación masiva como la del año pasado. Sin embargo, sucedió algo igual de esperanzador. Un colectivo de organizaciones presentó el “Manifiesto 25A”. El documento contiene cuatro enunciados que transcribo en esta columna.  

1.      Nos comprometemos a promover cambios en las estructuras políticas que permiten y reproducen la corrupción. Exigimos, principalmente al Congreso de la República, modificaciones reales al sistema que sirvan de herramienta para resolver la problemática actual.

2.      Impulsamos y apoyamos reformas al Estado, que garanticen el cumplimiento de los derechos de todas y todos guatemaltecos, a través de métodos de consenso para construir una agenda de temas en común que permita la incidencia de los diversos actores políticos.

3.      Exigimos al Estado que garantice el bien común priorizando la asignación de recursos para sanar las brechas sociales entre los sectores excluidos históricamente, para garantizar las presentes y futuras generaciones de todas las regiones, la igualdad de acceso a oportunidades, su desarrollo integral y sostenible.

4.      Sabemos que hacer esto debemos hilar un tejido social que tome en cuenta las necesidades de todas las formas de participación política. Con este fin, proponemos construir una agenda de encuentros asambleas entre las distintas formas de organización para la consolidación de una plataforma incluyente que fortalezca el poder popular.

El 25A fue el inicio, el camino será largo. La esperanza es la gente. #LaPlazaVive.

Este manifiesto es esperanzador. Es una muestra de los esfuerzos para transitar de la manifestación a la organización. De la protesta a la propuesta. El camino es largo pero ya empezamos a caminar. ¿Qué opina usted?