“Es urgente separar la educación de la política partidaria. Se requiere contratar a los maestros más capacitados y evaluar a los actuales, aumentar la educación inicial para los niños del área rural y mejorar la eficiencia interna de la primaria”.
 

La semana pasada se tuvo una gran discusión respecto de la educación debido a la marcha que realizaron algunos maestros solicitando aumento salarial para los siguientes años. Ambos candidatos a la presidencia fueron vanos y tibios al pronunciarse sobre la situación, en especial respecto de cómo tratar a los líderes sindicales, qué hacer con los pactos colectivos y cómo innovar el sector educativo.

Habíamos avanzado en el campo de la educación, pero en la última década nos hemos estancado. Luego de los acuerdos de paz, llevábamos una inercia positiva que apuntaba a una primaria completa con más oportunidades para la educación preprimaria y secundaria.

Se premiaba el mérito en los maestros, se hacían evaluaciones para ir mejorando la calidad, y los alumnos estaban aprendiendo más debido a la aplicación de un nuevo currículo y la participación de los padres de familia. Se hicieron planes para ampliar y remozar la infraestructura escolar, y la tecnología en las aulas era una realidad. Se actualizó y dignificó al magisterio, capacitándolos y premiándoles, exigiendo resultados.

Lamentablemente volvimos a “peor de lo mismo”. A partir de 2008, se decidió eliminar el Programa Nacional de Autogestión Educativa (PRONADE) –que cubría 250 mil niños del área rural–, debido a una promesa del expresidente Álvaro Colom con algunos sindicalistas de eliminarlo. A la mayoría de ellos no les agradaba el PRONADE, debido a que era administrado por los padres de familia y sus maestros no eran parte del gremio magisterial sindicalizado.

También se empobreció la educación debido a que ha impedido a muchas comunidades organizadas recaudar e invertir fondos para programas adicionales, y los recursos públicos asignados “para la gratuidad” no siempre llegan a las escuelas. A pesar de haber alcanzado 95% de la cobertura en primaria, se inició el programa de transferencias condicionadas, asignación clientelar que destina varios millones al año sin resultados efectivos. Los niños y jóvenes ya iban a la escuela por convicción, hubiera sido mejor destinar estos recursos para otros programas de extensión de cobertura. Luego vinieron los pactos colectivos. El primero, firmado en 2008, era bastante benévolo, ya que los aumentos estaban sujetos a los fondos disponibles para cada año.

Sin embargo, con el gobierno del expresidente Otto Pérez arrasaron con los recursos. Se dieron aumentos salariales masivos de 8%, 10% y 12%, cada año, sin ningún esfuerzo de los docentes, ni resultados para la educación. Adicionalmente, se han contratado maestros de primaria que no son necesarios. Hoy el Ministerio tiene alrededor de 200 mil trabajadores, el doble que hace 10 años. Muchos de ellos están no por vocación, sino porque fueron referidos por algún partido o sindicato. Todas estas acciones han dejado sin recursos al Estado, aumentando el gasto en educación de Q5 mil millones a Q12 mil millones, sin ningún progreso.

¿Qué hacer? Es urgente separar la educación de la política partidaria. Se requiere contratar a los maestros más capacitados y evaluar a los actuales, aumentar la educación inicial para los niños del área rural y mejorar la eficiencia interna de la primaria –lo que significa que los niños terminen la primaria y disminuir de 8 años a 6 su graduación–. Deben sustituirse las trasferencias por becas para los jóvenes. Es importante aprender inglés y computación, ya que abre las puertas a un mundo de trabajo globalizado y comunicado. Habrá que ubicar a los líderes sindicales y no tolerar más amenazas ni chantajes a las autoridades.

El deber de los maestros es poner como prioridad a los niños y jóvenes, para que reciban más y mejor educación y no solo tener la plaza por dinero. ¿Quién de los dos candidatos tiene la mejor propuesta? ¿Qué opina de los sindicatos? ¿Está de acuerdo con sus líderes?