La situación que viven muchos niños y niñas en el país es escalofriante. Los datos sencillamente desnudan la cruel realidad. El primero de octubre se celebró el día del niño. La celebración se desarrolló en medio de grandes contradicciones, que reflejan en gran medida, la desigualdad y el subdesarrollo del país. Mientras algunos niños recibieron ese día regalos y pudieron celebrar su día, mucho otros, no tuvieron esa misma oportunidad, debido principalmente a las condiciones socioeconómicas en las que viven.

Me refiero en el segundo caso a los niños que diariamente salen a trabajar, esos que no tienen acceso a una educación de calidad, y que “sobreviven” en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Sí, me estoy refiriendo a esos niños que usted se encuentra diariamente en la calle vendiendo dulces o lustrando zapatos, por ejemplo. Niños y niñas en los semáforos de la ciudad pidiendo dinero o con las caras pintadas, escondiendo la tristeza y desolación, ofreciendo entretenimiento a cambios de unas monedas, mientras los automovilistas esperan el cambio de luz.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE: 2015), 61 de cada cien habitantes de Guatemala tiene menos de 24 años, y el 50%, de este grupo poblacional, vive en situación de pobreza. Más o menos 800 mil jóvenes entre 14 y 24 años (20% de la población joven) no estudia ni trabaja y está en una situación de alta vulnerabilidad ante la violencia, ya sea como integrantes o como víctimas de grupos de delincuencia organizada, en las pandillas juveniles, más conocidas como las “maras”; o luego, cuando estos jóvenes excluidos y marginados ven que no hay oportunidades en el país, las buscan como migrantes en otros países.

Simplemente no hay forma de describir y tolerar que esto siga así. Es simplemente algo inhumano. Si el presente que viven los niños y niñas es aterrador, imagine usted el futuro que enfrentarán. Guatemala es un país con una alta población joven. Esta característica demográfica presenta desafíos particulares en materia de políticas públicas para atender las demandas de este sector en salud, educación, seguridad  y otras áreas importantes para su bienestar y desarrollo.

La educación, en este caso, se constituye en un pilar fundamental para promover ese desarrollo. Muchos países en el mundo han puesto sus esperanzas en la inversión educativa. En Guatemala actualmente se está invirtiendo 2.9 % del PIB y se estima que las necesidades demandan que al menos se invierta el 7%. Este incremento se debería hacer paulatinamente para mejorar tanto la cobertura como la calidad educativa.

En términos concretos. Los datos indican que la mayor cobertura se da en el área de primaria con un 82 %. Por otro lado, los niveles de preprimaria con 46.3%, básicos con 44.9% y diversificado con 23.8% son los que reportan las tasas más bajas de cobertura. Y en el caso de diversificado la cobertura la cubre en su mayoría el sector privado. Esto se constituye en una barrera que limita seriamente el derecho a la educación. Ya son pocos los estudiantes que logran pasar el embudo de básicos a diversificado y esto lo tienen que hacer principalmente en establecimientos privados. Y muchos no tienen los recursos financieros para pagar su educación. Usted se imaginará que el embudo también hace de las suyas en los estudiantes que pasan de diversificado a la universidad.

Y que decir de los desafíos en materia de calidad educativa. No basta con que los alumnos asistan a la escuela. Se necesita que el aprendizaje sea efectivo. Los resultados de las pruebas estandarizadas a los alumnos de primaria y graduandos de nivel medio, en las áreas de comprensión lectora y razonamiento matemático, muestran el bajo logro de aprendizaje de los estudiantes, principalmente aquellos que viven en el área rural del país y que pertenecen a familias que viven en condiciones socioeconómicas precarias.

¿Qué estamos haciendo para brindar un mejor futuro a la niñez guatemalteca? ¿Qué opina usted? @josecsagt