Es la fiesta del cumpleaños de Jesús, Nuestro Salvador y Redentor, para nosotros los cristianos es una fiesta verdaderamente importante. Ha nacido en Belén de Judá el Hijo de Dios. Una Virgen lo ha dado a luz. Necesitamos los cristianos del siglo XXI hacernos niños como ese niño. Posiblemente para nosotros hombres y mujeres de esta nación convulsionada por tantas dificultades sociales, políticas y económicas, podría ser imposible, pero los cristianos de hoy buscaremos la ayuda de los santos que han amado a Jesucristo y que han mostrado de una manera verdaderamente bonita su amor hacia Él.

En primer lugar necesitaremos de Francisco de Asís, el primero que hace nacimientos, lo hace con la cultura de su tiempo, con los medios a su alcance, pero hay algo más importante: su corazón. Y le ofrece a Jesús como podríamos cada uno de nosotros ofrecer nuestro corazón para que sea un corazón verdaderamente pacífico que ame la paz, que busque la paz que trabaje por la paz. La paz que anunciaron los ángeles y que Jesús un día, el día de su Resurrección, la dio a sus apóstoles en el cenáculo cuando encerrados por el miedo y las dificultades Jesús les abrió su corazón y su costado y se ofreció Él mismo, Él, el príncipe de la Paz.

Buscaremos la ayuda del santo Hermano Pedro que hace un nacimiento distinto al de Francisco de Asís porque es otra cultura y otras circunstancias, pero es el mismo Jesús rodeado de su Santísima Madre, de San José el hombre justo, el trabajador de todos los tiempos que cansado de la jornada pero lleno de amor hacia su familia descubre en el sudor de su frente y en sus manos encallecidas la alegría del trabajo y la responsabilidad hacia los suyos.

Buscaremos también la ayuda del hombre pecador, del hombre que se ha equivocado, del hombre que tiene sus manos manchadas en sangre, con la sangre de un hombre bueno, de un hombre justo, de un padre de familia, que tiene un nombre, se llama Urías, como se llaman tantos que a lo largo de este año en su trabajo han vil mente asesinados. Necesitaremos pues la ayuda de David el Rey y Profeta, el hombre que se ha enredado en la mentira, en el asesinato, por lo tanto en la injusticia y en la corrupción. David sueña con un hijo que saldrá de sus entrañas que será un rey que tendrá un reino que permanecerá para siempre y será un el Rey pacífico y justo. Expresión viva de la misericordia de Dios, que le dará a David su perdón, por su sangre derramada en la cruz.

Buscaremos también la ayuda para hacer este nacimiento de una mujer sencilla, pero no por eso una mujer sabia y prudente. Santa Edith Stein. Mujer ligada a su pueblo judío, mujer ligada a Jesucristo, su hermano, su Dios, a quien seguirá hasta la cruz, hasta la cruz del holocausto, hasta la cruz de la verdad y del amor, en un campo de concentración, donde parecería tan difícil encontrar a Dios, lo encuentra en el amor y la justicia que tiene en su corazón.

Buscaremos también la ayuda de los pastores como narra el Evangelio de San Lucas, fueron presurosos a Belén como tanto hombres y mujeres que con los medios de comunicación, nos hacen participes de las buenas noticias, como la de las difíciles llenas de dolor en las familias de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos. Para que los hombres encontremos el camino el perdón de la reconciliación y de la paz.

Los pastores al volver de Belén dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Que nosotros los cristianos del siglo XXI seamos capaces de encontrar en el niño que nace hoy en Belén envuelto en pañales, que es acogido, acariciado, consolado por la Virgen Madre, que encontremos en la pobreza de Belén y en la sencillez la gracia y las fuerzas para salir del odio y la venganza, de la mentira, de la corrupción, de los asesinatos, de las injusticias.

Que Jesucristo sea para los cristianos de hoy camino hacia Dios, Verdad y Vida. Una Santa Navidad para todos.