"Resultó muy preocupante que en el proceso de discusión se irrespetaron los acuerdos que los mismos partidos habían alcanzado en instancia de jefe de bloques para aprobar la reforma constitucional y el presupuesto del próximo año. El irrespeto a esos acuerdos dejó una sensación de revanchismo político de parte de FCN hacia el Presidente del Congreso, el diputado Mario Taracena, la UNE, la CCICIG, el MP y la PDH".

Esta semana Guatemala perdió una gran oportunidad. Las reformas constitucionales se estancaron y no se avanzó hacia un sistema de justicia más independiente y autónomo. No es una discusión reciente, ya desde los Acuerdos de Paz se identificó la necesidad de cambiar varios elementos del sistema, especialmente para fortalecer la carrera judicial, entre otros aspectos.

Más allá de la discusión técnica de los modelos y las opciones institucionales que se podían tomar para mejorar el sistema de justicia, el Congreso perdió una oportunidad única para enviar un mensaje político de cambio a la ciudadanía. Y al contrario la sensación que dejó fue de desesperanza. Especialmente cuando los diputados rechazaron los artículos que modificaban el antejuicio, para que este deje de ser un instrumento para proteger a los representantes y funcionarios corruptos. Tan solo una muestra de voluntad hubiera sido bien recibida por todos los guatemaltecos.

Por otro lado, el hecho de que no se reconoció la jurisdicción indígena, aún y con enmiendas que perfeccionaban la propuesta, y con el aval de más de 15 jefes de bloque, muestra que los diputados están de espaldas hacia la ciudadanía; y porque no decirlo, en la discusión prevalecieron los miedos infundados, el racismo y la discriminación. Y una vez más se deja de reconocer una práctica ancestral que ha funcionado y seguirá funcionando, sea o no reconocida constitucionalmente. Y de paso, no está de más decir que las autoridades indígenas han demostrado ser más efectivas para impartir justicia que el sistema oficial. Desde luego, el sistema tiene sus límites y debilidades, pero es legítimo, representativo y perfeccionable.

Era una oportunidad en la que el Congreso podía salir y decir: ya no más corrupción, estamos comprometidos por un sistema de justicia independiente, que imparta de manera pronta y cumplida la justicia en el país. Simplemente no la aprovechó y dejó un escenario político incierto y envió un mensaje bastante desolador.

En la discusión de la reforma constitucional se dieron algunas dinámicas y estrategias legislativas que llaman la atención. Si bien, la aprobación de la reforma constitucional avanzó en su tercera lectura y se estancó en la discusión por artículos y redacción final, esto puede resultar contraproducente para la aprobación de la reforma. Hay muchas leyes que avanzan a esa fase legislativa y luego se quedan ahí, engavetadas, durmiendo el sueño de los justos.

Por ello, es importante que la presión hacia el Congreso sea fuerte desde el inicio del periodo legislativo para que la nueva junta directiva y la nueva correlación de fuerzas partidarias asuma el compromiso de continuar la aprobación de la reforma constitucional. Aún no se han discutido los artículos que están relacionados con la carrera judicial, entre otros aspectos del proyecto de reforma. Ojalá no se pierda todo y se logré rescatar elementos fundamentales de la propuesta. El peor escenario es que se apruebe una reforma tímida y débil. Se han perdido cosas importantes, pero podemos perderlo todo.     

Por otro lado, resultó muy preocupante que en el proceso de discusión se irrespetaron los acuerdos que los mismos partidos habían alcanzado en instancia de jefe de bloques para aprobar la reforma constitucional y el presupuesto del próximo año. El irrespeto a esos acuerdos dejó una sensación de revanchismo político de parte de FCN hacia el Presidente del Congreso, el diputado Mario Taracena, la UNE, la CCICIG, el MP y la PDH.

No es posible que se generen acuerdos y luego estos no sean cumplidos en el pleno del Congreso. Eso genera un ambiente legislativo incierto en donde las leyes se estancan. La pregunta que queda es ¿habrá reforma constitucional? ¿Qué opina usted?