“Ahora Líder es un partido más de la lista que, sin pena ni gloria, pasará a la historia. Este hecho demuestra que los candidatos utilizaron el partido para llegar al poder y nada más”.

La democracia interna en los partidos políticos debe ser el corazón de la próxima reforma electoral. En estos días se están construyendo propuestas de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos –LEPP– y considero que ese es el aspecto estratégico que debe orientar la discusión y la elaboración de las mismas.

La crisis del sistema político partidario demanda reformas que busquen atender la crisis de legitimidad y representatividad que tienen las organizaciones políticas. Los ciudadanos ven con mucho recelo y distancia a los partidos, que terminan al final del día, siendo únicamente vehículos electorales que los políticos utilizan para llegar a poder. Los partidos no logran trascender en el tiempo, giran en torno a figuras y salen del escenario político con mucha facilidad.  

Hablemos de un ejemplo reciente. El Tribunal Supremo Electoral –TSE– canceló al partido Líder porque incumplió varias normas de la LEPP. Lo que me llamó la atención fue que para muchos la noticia pasó completamente desapercibida. Y estamos hablando del partido que estas alturas, el año pasado, era una de las principales fuerzas políticas que competían en el proceso electoral. Tuvo un desempeño electoral destacable. Obtuvo en la elección de diputados al Congreso 44 curules. Claro, de estos no quedaban ni siquiera la mitad al momento de tomar posesión en enero de este año. Inconcebible. Los diputados no habían asumido sus cargos y ya no pertenecían al partido.

Ahora Líder es un partido más de la lista que, sin pena ni gloria, pasará a la historia. Este hecho demuestra que los candidatos utilizaron el partido para llegar al poder y nada más. No había proyecto político ni una visión de largo plazo. Ya que al momento en que las posibilidades electorales del principal dirigente del partido fueron minadas y el partido colapsó, todo mundo abandonó el barco. Esta trágica historia, cambiando el nombre del partido y el del principal dirigente partidario, se ha repetido muchas veces en nuestro país.

El problema radica en que hasta el momento ningún partido se ha logrado consolidar institucionalmente y trascender en el tiempo. Romper esa visión de partidos como vehículos electorales no es fácil. Sin embargo, un buen comienzo es reformar la LEPP para democratizar a los partidos.

La democracia interna en los partidos contribuye a fortalecer la legitimidad de las organizaciones políticas. Los problemas como el caudillismo, la nula identificación y aceptación que tienen de la ciudadanía, así como los problemas de representatividad están muy relacionados con la falta de procedimientos democráticos para tomar las decisiones en los partidos.

La democracia interna contribuye a que los afiliados se involucren en la elección de las autoridades partidarias, en la postulación de los candidatos y en las posturas que adoptará el partido, frente a los problemas de nuestra sociedad. Si esto sucede, los partidos gozarán de mayor legitimidad y representatividad, porque los afiliados son parte de las decisiones que se adoptan.

Me pregunto cuántos afiliados han participado en una reunión para aprobar que un diputado del partido se cambie de bloque legislativo en el Congreso. Los diputados salen públicamente afirmando que el cambio lo hacen con el aval de las bases partidarias. ¿ Esto sucede en la realidad o es un falso argumento para legitimar la decisión?

La democratización interna de los partidos busca darle al afiliado poder y decisión real en las organizaciones partidarias, para que tenga sentido participar en ellas. En estos momentos los afiliados terminan siendo un número más para cumplir con los requisitos que exige la LEPP y no están involucrados en las decisiones. Por eso el corazón de la reforma electoral, si queremos partidos más legítimos y representativos, debe ser la democracia interna. ¿Qué opina usted?