Creado en el mandato de Enrique Peralta Azurdia en 1964, el aguinaldo, un treceavo salario, acompaña al guatemalteco desde hace 50 años.

Esta prestación, considerada dentro del Código de Trabajo y ratificada constitucionalmente como un Derecho Adquirido, fue una figura inicial para los empleados del sector público centralizado y luego se irradió a todos los sectores formales de la economía, ya sea por voluntad propia del patrono, o bien por la figura de los pactos colectivos de la época hasta llegar a ser una figura jurídica laboral del Estado de Guatemala.

Es indiscutible la visión del aguinaldo como una medida de compensación económica en la estrategia de desarrollo social de la época, que sirve tanto al asalariado en relación de dependencia como al propietario de la empresa privada.

En una economía cara para vivir, como la de Guatemala, el aguinaldo compensa las dificultades del ahorro, y le permite a la clase emergente de media baja, media y media alta, adquirir satisfactores y enseres para su círculo familiar. También ha servido para mejorar las condiciones patrimoniales de un ciudadano común.

El gobierno de Peralta Azurdia oficializó el Impuesto Sobre la Renta y creó el Banco de los Trabajadores, con un descuento de acciones obligado al 100% del ejército laboral, empero, compensó ese pago con el aguinaldo, razón por la cual logró equilibrio sano en la economía.

Cincuenta años después, en pleno 2014, tenemos una crisis financiera en el sector público que amenaza con el NO PAGO de una prestación que prácticamente es irrenunciable.

La probabilidad de no pagarlo es una medida no oficial agendada por el Ministerio de Finanzas Públicas, elemento muy raro y peligroso en el discurso de los funcionarios, pues ni siquiera en la época del conflicto armado interno, el gobierno central pensó en tan impopular e ilegal medida.

Es un factor de reactivación económica. Va directamente al consumo, a adquirir ropa, útiles escolares, uniformes; arreglar los vehículos, dotar de una computadora a los hijos, y a abastecer la alacena de hogares para disfrutar una alegre cena de Navidad. Entonces, en una economía cara y rezagada ¿por qué se atreven los burócratas que participan en el gabinete de Gobierno a hablar “no oficialmente” de no pagar el aguinaldo? Creo que la respuesta descansa en la amenaza del petate del muerto del colapso de las finanzas públicas.

Un buen gerente, responsable y con visión, adelanta y programa sus compromisos financieros, sabe que nunca puede dejar de pagar un salario o una prestación laboral reconocida taxativamente en la ley, y de ahí que los gerentes del sector privado tienen provisionado el pago del aguinaldo desde septiembre y octubre para cumplir con satisfacción la entrega de ese pago al activo más importante de la empresa: el recurso humano.

El aguinaldo es esperado por la economía. Es una prestación irrenunciable. Alegra la Navidad en una época dura para Guatemala. El aguinaldo cumple 50 años.