“¡La historia no se escribe de una vez y de plumazo; se escribe con la perseverancia y la motivación diaria que hace la diferencia!” 

Guatemala vive momentos difíciles, en los que la incertidumbre se combina con la esperanza y en los que los ciudadanos asisten a un momento en el que las opiniones encontradas y los debates sobre el futuro de

Guatemala y sus opciones, crecen exponencialmente, haciendo que por momentos haya más información y perspectivas de las que podemos procesar cotidianamente.

El que debemos hacer frente a las elecciones generales de este año, qué propuesta impulsar o qué pasos debemos seguir para salir de la crisis actual son apenas una parte de los muchos temas de debate en la que nos hemos enfrascado desde el 16 de abril de este año, cuando el MP y la CICIG desvelaron el primero de muchos otros escándalos de corrupción.

Los defensores de cada propuesta o de cada curso de acción para superar la crisis empiezan descalificando y ninguneando a los adversarios, de manera que el debate frecuentemente cae en la polarización y el enfrentamiento; lamentablemente, los esquemas bipolares de la guerra fría y la lógica “o estás conmigo, o estás contra mí”, se instaló profundamente en el imaginario colectivo de la sociedad guatemalteca, haciendo que el panorama por momentos parezca desalentador.

Se nos olvida que los problemas que no se enfrentaron por décadas, no se pueden solucionar de la noche a la mañana; que aunque el panorama parezca desalentador en el corto plazo, hay razones profundas para la esperanza, y que nuestros hijos revisarán la historia de este momento que vivimos, y dirán: “Ahí se forjó una Guatemala diferente”.

No importa si se celebran elecciones en estas condiciones; no importa si los que nos gobiernen a partir del año entrante son más de lo mismo; no importa si las reformas que se aprueben no sean todas las que quisiéramos; no importa si los corruptos sigan con sus sonrisas desafiantes y sus promesas vacías de contenido; lo importante es que hoy, hay una sed de conocimiento y de información sobre lo que ocurre, y que, por primera vez en años, las personas están empezando a creer que de verdad podemos hacer cambios reales.

¡La historia no se escribe de una vez y de plumazo; se escribe con la perseverancia y la motivación diaria que hace la diferencia!

“Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por sufrir graves dificultades, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, aun en medio de las peores angustias”, papa Francisco.

“Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”, papa Francisco.