“Cuba debe independizarse de dictaduras y países. Es urgente transformar sus instituciones políticas y económicas, buscando la libertad, la competencia y la descentralización del poder. Para esto se necesitará un nuevo liderazgo que persiga la renovación de su nación y cubanos decididos y valientes que la modernicen y la liberen”. 

Por su posición geográfica Cuba ha sido un país estratégico para Estados Unidos. Recientemente la visita del presidente Barack Obama a la isla consolidó nuevas relaciones diplomáticas y comerciales. Presencia muy criticada por ser un país violador de los derechos humanos.

Algunos afirman que la dictadura de los Castro trajo educación, salud y bienestar a los cubanos; sin embargo, estudios demuestran que Cuba previo a los movimientos revolucionarios (1954-57) ya era un país con indicadores sociales y económicos avanzados. Según ICCAS, estaba entre los tres países más desarrollados de América Latina, junto a Argentina y Uruguay. Su tasa de alfabetismo era de 76% en comparación con Brasil (49%), Ecuador (56%) y Guatemala (30%). En relación con la salud, la mortalidad infantil era de 32 fallecimientos por mil nacimientos, el décimo tercero (13) más bajo del mundo –mejor que Francia, Japón y Austria–. Tenían más médicos y dentistas per cápita que Estado Unidos y el Reino Unido. Adicionalmente, era un país productor y exportaba más que Chile y Colombia.

He visitado Cuba en dos oportunidades. La primera fue a inicios de los noventa. Muchos guatemaltecos llevaban cartas y dinero para residentes, por encargo de parientes, que fueron confiscados al ingresar en el país. Luego de presenciar cómo vivían realicé lo “aislados” que estaban. No tenían acceso a revistas, radio o televisión extranjera occidental y mucho menos a teléfonos. La comida era racionada –por medio de tarjetas– y se hacían grandes colas para obtener una libra de arroz y pan. Era prohibido para los cubanos portar dólares y había tiendas y establecimientos para extranjeros que no permitían su ingreso. En una casa vivían de dos a cuatro familias, poseían pocos artículos para su vestimenta y aseo personal (jabón, papel higiénico y pasta de dientes). Constantemente eran vigilados por alguien de la cuadra. Iniciaba el turismo y la inversión extranjera y algunos jóvenes se deshonraban con tal de pasar un fin de semana de diversión y contar con algo de lujo. Realmente sobrevivían.

La segunda visita fue hace 10 años y tenía como objetivo estudiar el sistema educativo, pues en las pruebas internacionales de matemática y lectoescritura Cuba obtenía los mejores resultados en la región. Fui a varias escuelas y hablé con algunos maestros. Uno de ellos contó que por 6 años tuvo a su cargo 35 niños y la meta era graduarlos de la primaria, a cambio él podía estudiar leyes. Impartía matemática y lenguaje, las otras materias se daban con videos. La tecnología era muy limitada. Sabían leer y escribir pero sin libertad de expresión. Tenían restringidos muchos libros, solo había canales de televisión oficiales y el servicio de internet era deficiente. La doctrina era más importante que el criterio y tenazmente repetían las maravillas del sistema. Podían manejar dólares y había más inversión. Observé un aumento de la economía informal y un creciente mercado negro. Además, me robaron algunas pertenencias.

Su régimen económico es un fracaso, ya que por más de cinco décadas han sido subsidiados, al inicio por la Unión Soviética y luego de la caída del muro de Berlín por Venezuela. Hay que señalar que previo a la revolución hubo dictaduras militares y corrupción –posiblemente avaladas por Estados Unidos– y mafias que provocaron un régimen tan radical. Cuba debe independizarse de dictaduras y países. Es urgente transformar sus instituciones políticas y económicas, buscando la libertad, la competencia y la descentralización del poder. Para esto se necesitará un nuevo liderazgo que persiga la renovación de su nación y cubanos decididos y valientes que la modernicen y la liberen. ¿Qué aprecia de la relación Estados Unidos–Cuba? ¿Qué opina de Fidel y Raúl Castro? ¿Cuándo apreciaremos una Cuba libre?