“Este año la elección de la JD ha adquirido características muy especiales. Hemos tenido experiencias en donde las aplanadoras en el Congreso controlaban las JD. El caso extremo fue en la cuarta legislatura (de 2000 a 2004) en donde las cuatro juntas de la legislatura se pintaron completamente de azul”.

La Junta Directiva (JD) del Congreso tiene atribuciones importantes en la dinámica legislativa. Es, por ejemplo, la instancia que propone a la Junta de Jefes de Bloques Legislativos los proyectos de órdenes del día para las sesiones del Pleno del Congreso. Esta atribución le da a la JD cierto control sobre las leyes que se discuten en el hemiciclo. De alguna manera, puede incluso jugar con los tiempos políticos, y en función de intereses o de la viabilidad de las mismas, acelerar o detener el proceso de discusión de las leyes.

Por ello, este año la elección de la JD ha adquirido características muy especiales. Hemos tenido experiencias en donde las aplanadoras en el Congreso controlaban las JD. El caso extremo fue en la cuarta legislatura (de 2000 a 2004) en donde las cuatro juntas de la legislatura se pintaron completamente de azul. Dado que el FRG podía, sin respaldo de otros partidos, integrar en pleno la JD, porque tenía un bloque mayoritario de diputados. Esto les permitió tener un control absoluto de la agenda legislativa.

Hay otros casos en donde dada la configuración fragmentada del Congreso, es decir, ningún partido tiene mayoría y hay bastantes partidos representados, la elección de la JD es más compleja. En estos contextos se requieren, a diferencia de los casos en donde primaron las aplanadoras, acuerdos de diversos partidos para elegir a la JD. Y el control de la agenda legislativa se comparte entre varios bloques políticos.

Este segundo escenario es el que estamos viviendo este año. El Congreso fragmentado obliga a que la elección de la JD se dé por medio de acuerdos entre diversos bloques partidarios, que permita alcanzar la votación necesaria y elegir a la próxima JD.

La elección entra en un momento político muy importante para el Congreso. Por un lado, hay una agenda legislativa con leyes de peso, como es la reforma a la constitución en materia de justicia, una eventual reforma fiscal (espero que sea integral), y otras leyes que vienen a poner una especial complejidad a la agenda legislativa.

Y, por otro lado, el Congreso está en un proceso de cambios administrativos y financieros relacionados con las contrataciones, especialmente terminar con los favores políticos y personales, que se evidenciaron en la desarticulación de las redes de “empleo” en donde los mismos diputados salían beneficiados. Hay juntas directivas del Congreso que están enfrentando procesos judiciales por plazas fantasmas, corrupción y malversación de fondos.

El panorama político a lo interno del Congreso está bastante agitado y en ese contexto debe primar la cordura y la sensatez para alcanzar acuerdos.   La elección de la JD debe ser apoyada por un bloque de partidos que defina una agenda de país, que responda a las necesidades actuales, que logre sostenerse en el tiempo (no ser amor de un ratito), y con un compromiso de avanzar no solo en materia de legislación, sino también en las funciones de control y fiscalización.

Y continuar con los cambios internos en materia administrativa y de recurso humano –principalmente con los procedimientos y mecanismos de contratación–, que buscan dar oxígeno a un Congreso fuertemente desprestigiado en la opinión pública.

Avanzar en la agenda legislativa de país y dar un mensaje de cambio interno tendrá un efecto positivo, en términos de ir ganando, poco a poco, la confianza y la credibilidad de una ciudadanía que no se siente representada por los diputados del Congreso. Por ello, la elección de la JD tiene muchas cosas en juego. ¿Qué opina usted?