“La estrategia en este momento debería ser sancionar la ley para que entre de inmediato en vigencia. Y, por otro lado, presionar al Congreso de la República para iniciar la discusión de la próxima generación de reformas a la LEPP”.

Sabía que en promedio la Ley Electoral y de Partidos Políticos –LEPP– desde 1985 se ha reformado una vez cada 15 años. Esto ha generado un sistema muy rígido en donde hacer reformas electorales es casi imposible. Ahora tenemos una valiosa oportunidad para avanzar en aspectos importantes como mayores controles y herramientas para fiscalizar el financiamiento partidario y la podemos perder si el presidente Morales veta la ley.

La reforma a la LEPP tiene avances significativos. En estos días se ha desarrollado una intensa discusión sobre si es el presidente Morales debe sancionar o vetar la ley. Yo considero que es urgente que la sancione y que entre en vigencia inmediatamente. No caigamos en la trampa de impedir la aprobación de esta reforma con el argumento de que es insuficiente y que le hacen falta cosas.

La reforma tiene avances en muchas materias. Una de ella es la fiscalización del financiamiento partidario. Los cambios buscan romper con una relación perversa entre financiamiento político y la nefasta corrupción, que está carcomiendo nuestro sistema político.

El financiamiento partidario ha generado una suerte de organizaciones políticas que están a merced de los intereses de sus financistas, dejando por un lado el interés para promover el bien común y el desarrollo del país. Este nefasto “modelo de financiamiento” crea las condiciones para que los financistas “inviertan en las campañas” y luego “recuperen su inversión” con beneficios de parte de los políticos. ¿Estaría usted en contra de una reforma que busca cerrar espacios a la corrupción? Evidentemente no. Si todos queremos partidos autónomos e independientes de los intereses de los financistas.

Con la reforma no solo se logran campañas más equitativas, sino también más transparentes gracias a una serie de aspectos que fortalecen al TSE en materia de control y fiscalización del financiamiento partidario. El TSE podrá verificar y fiscalizar los gastos que realizan los partidos en todo el país. Eso en este momento no se puede hacer y por eso es necesaria la reforma. Desde luego, para ello el TSE deberá desarrollar un proceso intenso de implementación de las reformas que incluyen, entre otros aspectos, modificar o crear varios reglamentos, adoptar algunas medidas administrativas y organizativas para que pueda estar listo en las próximas elecciones de 2019. El tiempo es nuestro peor enemigo en este aspecto.

Por otro lado, esta reforma incluye la obligatoriedad de revisar la LEPP después de cada proceso electoral para hacer las modificaciones necesarias y perfeccionarla continuamente. Esta medida es importante porque permite realizar cambios constantes. Incluso, aquellos aspectos que no están contemplados en la actual reforma se deberán abordar en la primera comisión de reforma electoral, que debería instalarse inmediatamente, dado que el año pasado tuvimos elecciones.

Por ello, la excusa de no aprobar esta reforma porque “le hacen falta cosas” se desvirtúa y deja de tener sentido. Ya que en esa comisión se deberán abordar los temas que están excluidos de este proceso. Este mecanismo de revisión abre la oportunidad para discutirlos en el Congreso de la República y construir la nueva generación de reformas. No se vale que los aspectos excluidos sean utilizados como excusa y justificación para no aprobar esta reforma.

La estrategia en este momento debería ser sancionar la ley para que entre de inmediato en vigencia. Y por otro lado, presionar al Congreso de la República para iniciar la discusión de la próxima generación de reformas a la LEPP. Generación que deberá incluir, como mínimo, elementos relacionados con la democracia interna en los partidos, la revisión de los distritos electorales, mecanismos para la inclusión de mujeres, jóvenes e indígenas, entre otros aspectos.

Lo peor que puede pasar es que el presidente Morales vete la reforma. Nos podemos quedar sin nada por tratar de incluirlo todo. Las reformas son progresivas. Es decir, se van agotando poco a poco. El pastel lo podemos comer a pedazos.   No desaprovechemos la oportunidad para promover cambios importantes. Limpiamos la mesa y reducimos el número de aspectos a discutir en la próxima generación de reformas. Ya empezamos con la corrupción.

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