“Guatemala es como una Bella Durmiente que reincide en su errática vocación de cerrar los ojos y sumergirse en el más evasivo de los sueños. Solo un permanente beso de amor será capaz de despertarla. Un beso de erotismo patriótico. El beso ciudadano”.

Inspira confianza oír a Thelma Aldana y a Iván Velásquez cuando, juntos, relatan el torbellino que se destapó con el caso La Línea y su festival de capturas. Se les ve relajados y firmes, pese a la inmensa responsabilidad que llevan sobre los hombros. Hasta cuentan anécdotas que resultan simpáticas y reveladoras. Una de ellas, que se cruzan “todo el tiempo” con gente contra la que, en semanas o meses, podrían solicitar orden de captura. De hecho, ambos dicen que “podrían haberse tomado alguna foto con algunos de ellos”.

Asimismo, afirman que cuando la hoy famosa red de defraudación aduanera se volvió noticia, el entonces presidente Otto Pérez Molina les pidió que, de manera pública, desligaran de los señalamientos a Roxana Baldetti y que la recibieran para escuchar su versión. Ha transcurrido un año desde que Guatemala empezó a cambiar de semblante. Y aunque los pasos han sido categóricos, el sabor que queda hasta ahora es un tanto desalentador. Los tiempos de la justicia no van de la mano con la ansiedad y las expectativas del pueblo. Y es harto difícil entender que las condenas se demoren tanto en llegar. Más aún cuando se percibe que la corrupción continúa y que los abusos de la clase política no cesan.

El ex vicepresidente Eduardo Stein fue contundente al describirlo: “El mayor lastre que carga el mandatario Jimmy Morales, en estos primeros tres meses en el cargo, es el transfuguismo”. Lo que en otras palabras significa que “la vieja política” es desvergonzada y ni siquiera esconde la cara cuando opera. ¿Acaso han visto ruborizados a los integrantes de FCN Nación por sus maniobras en el Congreso? El colmo es que el diputado Edgar Ovalle declare, medio en serio medio en broma, “que ya no podrá ir a visitar a Mickey”, como que si gracia fuera. Sin embargo, no es únicamente el reclutamiento vil de parlamentarios lo que molesta. Pareciera que las presiones espurias desde las curules mantienen su añeja hambre de botín.

Y la gente, inexperta y sin destrezas para darle continuidad a su presencia ciudadana, se va apoltronando poco a poco, a la espera del detonante que vuelva a articular la indignación sin Norte, que es a lo que por el momento podemos aspirar, debido a nuestro pobre y desapasionado liderazgo, así como a la cultura de ver los crímenes y los atropellos como parte del paisaje. El analista Gustavo Porras también aportó asertos lúcidos la semana pasada cuando dijo que Guatemala es “producto de una revolución frustrada”, a lo que yo agrego que a la vez somos lo que sale de una contrarrevolución cruelmente miope.  

Soy de la idea de que una sociedad demuestra madurez y autoestima cuando aprovecha sus momentos cumbre, y sus tragedias, para dar el giro de timón que muestre y proclame su decisión de ir por la dirección correcta. Hablo por ejemplo de partir de los horrorosos accidentes de unidades de transporte colectivo, que solo durante una semana dejaron 22 muertos, y generar el suficiente rechazo como para hacer cumplir la ley, por insuficiente que ésta sea, o bien obligar al Congreso a modificar la legislación, si eso fuese necesario. Pero no. Aquí estamos cruzados de brazos a la espera del próximo episodio desgarrador. Y así en todo.

La fiscal general no se explica cómo el intendente jurídico de la SAT, luego de ver a sus compañeros irse detenidos, aún se atrevió a exponerse, hasta el punto de que en su propia casa le encontraron un millón de quetzales en efectivo. Espero que con las capturas por el caso TCQ, el cual apunta a ser de gran impacto por su diversidad de implicados, algo de temor cunda entre la corruptela. No me hago ilusiones. Pero tampoco me desinflo. Solo espero que la incompetencia o la “falta de cintura” mostrada por varios de los supuestos referentes nacionales, no termine propiciando arenas movedizas donde todavía hay tierra medianamente caminable. Para muestra, la broma de mal gusto de la “mano de obra barata”, en la que se evidencia, si no mala intención, una peligrosa falta de manejo.

Está claro que la “nueva política” no habita en los puestos del Estado ni en aquellos de la dirigencia “no gubernamental”. La “nueva política”, en embrión, se gesta en unos pocos que han aceptado el desafío de una ética renovada. Guatemala es como una Bella Durmiente que reincide en su errática vocación de cerrar los ojos y de sumergirse en el más evasivo de los sueños. Solo un permanente beso de amor será capaz de despertarla. Un beso de erotismo patriótico. El beso ciudadano.