Los camiones de la mudanza llegaron ayer a la capital y junto con estos los últimos miembros de la comunidad de judíos ortodoxos que expulsaron de San Juan La Laguna.

“Queremos rehacer nuestra vida y vivir en paz. No es cierto lo que dicen de nosotros ni en Canadá ni en Sololá”, le explica a Publinews Misael Santos, uno de los 40 guatemaltecos conversos al judaísmo, dirigente de este grupo de 230 personas.

“Hace falta que lleguen ocho integrantes y ya estaremos completos. Buscamos un lugar definitivo para quedarnos y vivir tranquilos”, añade Santos.

Desde el jueves pasado comenzaron a abandonar San Juan La Laguna porque temían por su vida, añade Santos. El 10 de agosto hubo una reunión que convocó el Consejo de Ancianos del municipio a orillas del Lago de Atitlán.

Ese día levantaron un acta y el representante de la comunidad judía, Moisés Beer, negó que el grupo “tuviera que ver con su organización, la cual tiene más de cien años de estar en el país”.

En esa oportunidad, los acusaron de “bañarse desnudos en el lago, de caminar a altas horas de la noche en el pueblo, de tratar mal a los pobladores y criticar sus creencias religiosas”.

“Nada de esto es cierto”, explica Santos, quien agrega que lo único que buscaban era un lugar pacífico para vivir. “La gente nos había aceptado, pero un pequeño grupo nos amenazó”.

Pactaron una reunión en la Procuraduría de los Derechos Humanos el jueves 28 de agosto, pero no hubo acuerdos. Solo pidieron tiempo. Se los dieron, pero no esperaron y se marcharon. Encontraron un nuevo lugar en el viejo edificio de la zona 9, cerca de la Terminal.

El éxodo, según la revista “Newsweek”, suma un episodio más tras haber sido fundada en Israel en 1980, para después desplazarse a Nueva York y a Canadá.

Por último, optaron por Guatemala, tras señalamientos del gobierno de Québec.

El grupo, según la publicación de la revista estadounidense, señala que los líderes han estado en prisión en Estados Unidos acusados de secuestro, bajo investigación en Canadá por abuso infantil y negligencia, violencia psicológica, casamientos forzados de niñas menores y no cumplir con el plan escolar nacional, según Denis Baraby, director de los Servicios de Protección a la Juventud de Quebec.

Pero Santos asegura que nada tiene fundamento, porque lo “único que ellos han tratado es de vivir bajo los principios más puros del judaísmo”.

Por ahora los residentes de esta zona ven por las calles a personas vestidas completamente de negro que caminan por el lugar, cargan muebles y se instalan en la que será su nueva casa.