Son las 8:45 de la mañana, luego de haber pasado los controles de seguridad, subo al segundo nivel de la Casa Presidencial. En una pequeña sala de espera, en la que al fondo está el retrato del mandatario Jimmy Morales, está Alfonso Cabrera, que hace unos días renunció como ministro de Salud. Se oyen pasos, alguien sube rápidamente las escaleras. ¡Buenos días! Es la primera frase que escucho, Morales me extiende su mano, se le ve apresurado. Viste un pantalón negro de tela, una camisa casual que tiene el logo del gobierno y zapatos negros. Lleva poco más de seis meses dirigiendo el país. Durante ese lapso ha sido cuestionado por “acciones que le han generado desgaste”; no obstante, ha afirmado que “él que no comete errores no está vivo”.

Amilcar Avila

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Alguien más se suma a la reunión. Es el vicemandatario Jafeth Cabrera. Su voz denota cansancio por haber subido rápidamente las escaleras. Morales bromea con él por su frase “Estamos casados con este matrimonio llamado gobierno”. Su circulo más cercano define al gobernante como una persona “bonachona, campechana, sencilla y con bastante liderazgo”, mientras que en las redes sociales lo han criticado por su falta de seriedad.

Para mi sorpresa aparece otra persona, Lucrecia Hernández Mack, que se ha caracterizado por ser crítica con algunas decisiones del gobierno. Los cuatro (Morales, Cabrera, Hernández Mack y el ministro saliente) ingresan en la sala de trabajo del gobernante. Mientras la reunión transcurre, en las redes sociales corre el rumor de que Hernández es la nueva jefa de Salud. Me llaman y entro en la reunión, solo me permiten hacer una fotografía. Todo apunta a que ella es la designada.

Amilcar Avila

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Pasan 30 minutos. La asistente de Morales ve el reloj constantemente. De acuerdo con su agenda, a las 9:30 de la mañana debía abordar un helicóptero para asistir a una donación de la embajada de los Estados Unidos en Zacapa. Quince minutos más tarde, salen. Vamos, me dice. Bajamos rápidamente las escaleras y caminamos hacia los vehículos oficiales. Sube, y nos acomodamos. Me siento a su lado. Después de un inicio de mañana ajetreado, se le ve más relajado.

Mientras avanzamos hacia la Guardia Presidencial, en Matamoros, en la zona 1, le entregan una carta. La lee. Es de un consejo comunitario de Desarrollo de la zona 13. Después, me habla sobre cómo ha transcurrido su jornada hasta ahora. “Inicio con un desayuno con Estrada Zaparolli (Giovanni), me asesora y me da mucho conocimiento en relación con las distintas áreas de la política y verificamos importantes temas sobre la agenda legislativa que consideramos importante”, asegura. Toma una pausa. 

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Seguido, me confirma que Hernández Mack es la designada para dirigir la cartera de Salud. La plática continúa. Le pregunto: ¿Cómo ha cambiado su vida desde que tomó posesión del cargo el 14 de enero? “Mi rutina siempre ha sido de 14 a 16 horas de trabajo. La diferencia más grande es que la responsabilidad que ahora tengo implica la oposición de muchas personas, algunas constructivas, pero hay mucha gente que está molesta porque los negocios de antes ahora ya no se hacen. Hay sectores asustados, enojados e inconformes”, agrega.

En la Guardia Presidencial, dos ministros esperan. Francisco Rivas, de Gobernación, y Williams Mansilla, de la Defensa. Antes de abordar, pregunta: “¿Cómo está el asunto de las personas que guardan prisión?” Le responden que “todo bien”.Recientemente, fueron trasladados algunos reos, entre ellos Marvin Montiel, alias “el Taquero”, y Eduardo Cano, alias “Guayo”, luego de la masacre en la Granja Penal Pavón, en la que murieron 14 personas, entre ellas Byron Lima.

Amilcar Avila

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Despegamos. El presidente bromea con sus ministros. Degusta un bocadillo de jamón y nos ofrece. Entretanto Mansilla le explica los pormenores de la actividad en Zacapa y el trabajo de las Fuerzas de Tarea. Treinta minutos después, arribamos.

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Al aterrizar, su equipo de seguridad en tierra rodea el helicóptero. Baja y camina, lo espera el embajador de los Estados Unidos, Todd Robinson. El calor es intenso. Durante la actividad se oficializa la entrega de 50 vehículos para las Fuerzas de Tarea “Chortí”. Morales junto con Robinson caminan y supervisan los automotores. Después, se reúne con los gobernadores de Oriente. Al salir, bromea con los asistentes, y se hace unas selfies.

El regreso es ameno, entre risas y pláticas. Aprovecha para leer su WhatsApp y revisa su cuenta de Facebook. Se acerca al ministro de Gobernación y le explica el “alcance” de algunas de sus publicaciones.

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Al aterrizar, se despide de sus ministros y nos dirigimos de nuevo a la Casa Presidencial. En el camino aprovecho para preguntarle sobre sus redes sociales.De hecho, en Facebook cuenta con más de un millón de seguidores. “Claro, hay una persona que me ayuda, pero trato de estar pendiente de mis publicaciones”, asegura.

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Su esposa, la primera dama Patricia Marroquín, camina por el parqueo. La detiene, le da un beso y la abraza. Charlan un rato. Se despiden y me dice: “Suban, solo me cambio”.

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Caminamos hacia un un anexo de su sala de trabajo, con una pérgola al aire libre. Morales aparece, vestido de blanco, formal, con una corbata azul. Durante el almuerzo me cuenta su vida familiar desde que asumió el cargo, los libros que lee (El despacho presidencial, uno de la historia de un candidato a primer ministro de Canadá y otro de Bauldino), incluido el que obsequió el expresidente Alfonso Portillo que se llama "Fuego y cenizas". No falta la discusión sobre las elecciones en Estados Unidos. Durante la charla se refiere varias veces a la “Flaca”. Deduzco que se trata de su esposa. Luego, me cuenta que, en efecto, así llama cariñosamente a su esposa.

El menú consiste en sopa de frijoles, chile rellenos, guacamol y arroz. Lo acompañamos con tortillas “tostadas”. Antes de comenzar con la segunda parte de su agenda, toma un café. Le ofrecen postre, pero lo rechaza.

Amilcar Avila

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Al terminar, me dice que nos demos prisa, que quiere mostrarme su despacho privado. Sobre su escritorio hay libros, hojas sueltas, destaca, a un costado, la bandera de Guatemala. Su primera reunión es, una vez más, con la nueva ministra de Salud y el vicepresidente. Afinan los detalles para oficializar la designación. Veinte minutos más tarde salen. Su siguiente junta es con los representantes de la Asociación Guatemalteca de Exportadores. Luego, recibe la visita de autoridades del Programa Nacional de la Competitividad (Pronacom). Cada encuentro no tarda más de 30 minutos.

Mientras espera a su siguiente actividad, para la cual se debe trasladar al Palacio Nacional de la Cultura, camina hacia su despacho. Le espera el secretario general de la Presidencia, Carlos Martínez, con algunos documentos que debe firmar.

Amilcar Avila

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Ve su reloj y su equipo más cercano le informa de una conferencia de prensa para anunciar a los nuevos funcionarios de Salud y una reunión con el embajador de Taiwán, John Lai. Es hora de partir y recorremos un túnel que une la Casa Presidencial con el Palacio Nacional de la Cultura. Caminamos a lo largo de un trayecto, recubiertas sus paredes de azulejos y ataviado con una alfombra roja. Un rótulo me dice que no puedo tomar fotografías.

Durante el recorrido, decide que, primero, recibirá al funcionario taiwanés y que, después, ofrecerá la conferencia de prensa. Después de hacer pública la designación de Hernández Mack como la ministra de Salud, el presidente se retira.

Amilcar Avila

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No me da tiempo de despedirme. Solo consigo hablar con su secretario de comunicación para explicarle que he terminado la cobertura.

Media hora más tarde, de vuelta en la redacción, recibo una llamada. Me informan que el mandatario quiere hablar conmigo. “¿Qué pasó, amigo? ¿Cansado?”, me dice.

Así termina un día en la ajetreada agenda del presidente de la República