Un docente salvadoreño, su esposa y un menor de dos años viajaron a Guatemala el pasado 22 de julio de 2016 para disfrutar un fin de semana relajado en la colonial ciudad de La Antigua Guatemala; sin embargo, el viaje resultó siendo una trágica historia.

“Con mi esposa pensamos que moriríamos, que nos robaban al niño, que matarían a uno y que al otro se lo llevarían secuestrado”, narró el afectado al medio salvadoreño “La Prensa Gráfica.

El docente explicó que tras su salida del país vecino, tenían contemplado pasar cenando a Escuintla y estar en La Antigua a las 7 de la noche. Sin embargo, unos 30 kilómetros antes de llegar a su primer destino, un picop blanco de doble cabina los sacó del camino y ahí empezó el terror.

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“Aparecieron cuatro hombres armados con uniforme azul negro, gorras negras y radios de comunicación. Nos amenazaron con arma de fuego. Me bajaron del volante”, narró. Además indicó que los asaltantes avanzaron unos 10 minutos más.

“Apagaron el carro. Me bajaron del auto. Me empezaron a registrar. Me quitaron todo el dinero en efectivo que llevaba, cerca de $50 y unos cuantos quetzales”, indicó y agregó que hicieron lo mismo con su esposa.

Al ver que no tenían más bienes, les dijeron que iban a “negociar”. El maestro les ofreció el vehículo a lo cual se negaron. Les pidieron los pines de las tarjetas de crédito y que entregaran el efectivo, que no superaba los $30.

El hombre les preguntó que cuánto dinero esperaban que tuviera, si son maestros. “Ay Dios” reaccionó uno. 

“Les pedimos disculpas por el incidente. Nos hemos equivocado de placas”, les dijeron.

Los asaltantes les ordenaron quedarse en el carro por dos horas. "Tras pasar 10 minutos, entró una moto a la zona donde nos ordenaron permanecer. No había alumbrado público ni viviendas cercanas. Creemos que solo llegó a verificar nuestra permanencia en la zona".

Pasadas las dos horas continuaron su viaje a La Antigua. “Llegamos bien. Gracias a Dios y a tres buenos samaritanos pudimos comer. Nos compartieron agua y pan francés”.

“Gracias Guate… ¡hasta nunca!”, concluye el docente.