El libro


El documento que Ardón presentó ayer en la embajada de México contiene 200 páginas.
• Costo. Informó que tiene un precio de Q100.
• Distribución. Añadió que está a la venta en Sophos, Artemis Edinter y la Casa del Libro, entre otros.

Ardón, quien tiene más de 20 años de intregrar la directiva empresarial, asegura que con su libro quiere que se retome la tradición de un verdadero debate político en Guatemala.
Afirma que este espacio ha perdido calidad porque los políticos han dejado a un lado las ideologías.

¿De qué se trata el libro?

Rescata la historia política del país, haciendo énfasis en los episodios relevantes, de gran impacto, que fueron protagonizados por personajes que han trascendido generaciones, porque, a pesar de que se reseñan debates de hace algunos años, los personajes siguen siendo influyentes. Por ejemplo, Alejandro Maldonado Aguirre protagonizó un famoso debate en televisión con Manuel Colom, hoy es magistrado de la Corte de Constitucionalidad. No digamos Vinicio Cerezo, quien tiene ahora un gran protagonismo. Me quise concentrar en los que han hecho la diferencia y que han dejado una lección de discusión de ideas, un recurso que en Guatemala no ha sido muy bien practicado. El propósito es enseñar elementos políticos que podamos usar, es una mirada hacia adelante.


¿Se ha perdido la calidad de los debates?

Sí. Hago esa afirmación y la sostengo en el libro. Hay un proceso de desideologización de los proyectos y de los líderes políticos en Guatemala. Me refiero a que cada vez es menos claro cuál es el cuerpo de ideas y las convicciones de los partidos. Nadie quiere salir de esa zona de confort. En la actualidad se dan encuentros en donde los candidatos no interactúan, en donde no es posible distinguir un tema del otro y al final el espectador sale con la sensación de que no se aclararon las ideas. Se está abandonando el arte del debate.


¿Una pérdida de la calidad de debates se debe a una pérdida de la calidad de los políticos?

Claro que sí. Los políticos se formaban mucho mejor antes. En cuanto a formación ideológica y doctrina, ahora hay muy poco. La política es un arte que se desarrolla. Los debates perdieron calidad porque no hay ideología.


¿En Guatemala hay debates?

Hay que hacer una distinción. Debate político en el país existe, pero en otros espacios. A nivel nacional con personas que presentan proyectos consistentes y en particular durante procesos electorales no hay. Hay espacios de este tipo en muchos lugares, pero al final no llegan a incidir. No estoy hablando solo de periodos electorales, los debates políticos deben transcurrir todo el tiempo. Por ejemplo, ¿quiénes opinaron sobre la CICIG?, ¿quiénes opinaron sobre las reformas constitucionales? Fueron muchos actores, pero los políticos muchas veces han estado ausentes.


¿Cree que el debate político se perdió también en el Congreso?

En relación con los registros de este organismo, nos encontramos con los debates exitosos de los años cincuenta, hoy los discursos políticos son demostraciones hacia afuera o de agresividad, cuando antes se utilizaban para dejar sentados puntos importantes y debatir los grandes temas nacionales. Se retomará esta ruta cuando los políticos tengan la convicción de que el debate es bueno y positivo.


¿Cómo puede reclamar la sociedad vivil mayor debate?

Como la sociedad organiza estos espacios, el elemento clave es que se lleven a cabo con una metodología, como la interacción entre los participantes, escoger temas donde no sea posible salir con respuestas grises y se tiene que manejar la técnica de la argumentación y contraargumentación.


¿En qué contexto deben impactar los debates?

Primero, en su permanencia. Si recurrimos a hacerlo solo durante los procesos electorales, la tentación es muy grande para ir a decir las cosas que sé que se van a grabar, pero, si se sostiene a lo largo del tiempo, se tiene que ser consecuente. Segundo, algo que me parece muy importante es que tenemos que iniciar a darle valor y seriedad a la palabra empeñada en público de un político. Por ejemplo, si un partido dice que no cree en las cuotas tiene que actuar en función a eso, de lo contrario la ciudadanía tiene todo el derecho de denunciar su contradicción. Lo que sucede es que nosotros no valoramos ese discurso y no se confronta al político. Entones, uno hace como que dice y el otro como que escucha.


¿Cómo revertir esto?

Hacer la labor de monitoreo y la permanencia del debate político, para que estos actores sean congruentes en lo que hablan.


¿A quién le gustaría ver en un debate?

Bueno, en un año electoral no puedo dejar de decir que a los aspirantes a la presidencia, pero sostengo que en los partidos políticos están los ideólogos, que no son muchas veces los candidatos. Muchas veces estas personas pueden sostener un buen encuentro político. Hay que identificar a los líderes de esas ideologías y esto puede facilitar el intercambio de las distintas perspectivas.


Muchas veces los candidatos no se presentan a los debates. ¿tendría que haber una mayor sanción moral del electorado?

En Estados Unidos es impensable que un aspirante presidencial no se presente a uno de estos ejercicios, esto lo hundiría por completo, porque dejan el mensaje de que no quieren conversar con el pueblo. Debería de haber una sanción moral mucho más fuerte para quienes se ausentan. En año electoral sucede lo mismo, el que va hasta atrás pide que se debata y el que va adelante lo esquiva.