A las 8:06 p. m. aterrizó en el aeropuerto La Aurora un vuelo comercial procedente de Dallas, Texas. Uno de sus pasajeros era el expresidente Alfonso Portillo, que pasó poco más de dos años preso en Estados Unidos después de que confesara que aceptó un soborno de Taiwán por US$2.5 millones cuando era mandatario.

En las afueras del lugar cientos de personas bailaban al ritmo de un mariachi, algunos, que llevaban sombreros de vaquero, celebraban su libertad.

“Alfonso Portillo ha sido el mejor presidente que ha tenido Guatemala” fue una de las porras.

En la Sala de Protocolo del aeropuerto más de 60 periodistas esperaban para captar el arribo y escuchar sus impresiones.
“Estoy feliz de estar en Guatemala, con mi hija, con Evelyn (su exesposa) y con mi familia”. Así comenzó su conferencia de prensa, que duró más de una hora.

Durante su exposición, Portillo reconoció que se equivocó cuando estuvo al frente del país (de 2000 a 2004).

“Guatemala no está bien, está mal, pero, en parte, soy responsable del mal que está pasando”, aseguró.

“Regreso como el hijo pródigo y, aunque muchos están enojados, soy como el hermano mayor porque me hacen fiesta, pero, una vez más, les digo que me equivoqué. No, no vengo como salvador, porque eso nos ha hecho mucho daño”, afirmó.
Fue inevitable que no hablara de política.

“No estoy diciendo que no participaré en el próximo proceso electoral, sino que no es mi principal objetivo. Mi propósito va más allá de eso, quiero impulsar un cambio real en Guatemala. Claro, si hay una propuesta convincente, no la descarto”, aseveró.

Propuso crear un frente democrático y reformar la Constitución. “Tenemos que ser inclusivos. Por ejemplo, que participen intelectuales, campesinos y, por supuesto, el sector privado. Sé que me peleé con ellos, pero fue uno de mis errores”, aseguró.

Al referirse a la CICIG, afirmó que él pediría que se fuera, pero “por el bien del Estado es un tema que se debe discutir”.