Gaby* apenas aprende a caminar y, mientras se tambalea en el patio, se come una mandarina que lleva en la mano. Observa todo con curiosidad y luego voltea a ver a su madre, que parece, observar al vacío.

Ana* quiere amarla, pero ver en ella el rostro de su agresor lo complica todo, más porque la bebé, de 1 año y 5 meses, es rubia, de cabello ondulado, ojos claros y tez blanca, todo lo contrario a ella, morena, de cabello lacio y negro.

“ Me ha costado tenerle cariño porque me recuerda a la persona que me hizo daño, sé que tengo que controlar mi enojo y no pegarle, pero he mejorado, cuando ella tenía 6 meses me comportaba peor. Gaby* no tiene la culpa de lo que me pasó, pero es difícil”, dice Ana*, con un tono de voz suave, mientras suspira.

Ana* fue abusada a los 13 años y producto de la violación tiene una bebé de 1 año y 5 meses.

Oliver de Ros

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Ana*, originaria de Suchitepéquez, cumplió 16 años en febrero y quedó embarazada a los 13, producto de la violación de un tío político. Actualmente vive en un refugio en donde hay otras tres madres niñas, que intentan convivir con sus hijos. En el lugar hay un total de 19, comprendidas entre los 12 y 18 años. Ellas son una pequeña muestra de víctimas una problemática que afecta a miles.

“ Ella presenta indicadores de tristeza, ansiedad y angustia, en el programa anterior fue separada de su bebé por orden de un juez porque demostraba mucho rechazo, frustración y enojo con su hija”, dice la psicóloga Clara López, una de las encargadas del refugio.

Así se convive en el refugio en el que Ana* y Heidy viven junto con otras 17 niñas.

Así se convive en el refugio en el que Ana* y Heidy viven junto con otras 17 niñas.

Oliver de Ros

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Inquieta -durante la entrevista no deja de mover sus manos-, Ana* asegura que no supo qué hacer cuando se enteró de que estaba embarazada. “Fue muy duro pero poco a poco he aprendido a convivir con mi hija”, dice.

Heidy* es otra de las niñas violentadas, hace poco cumplió 12 años y llegó referida del centro de salud del municipio donde vivía, desde donde denunciaron su situación.

Es una de las más pequeñas, habla poco y, según López, se le realizarán estudios para determinar si padece de algún tipo de distorsión mental.

Solo repite que quiere volver a casa con su mamá, sin reconocer que allí su vida solo será más dolorosa porque fue su abuelo quien la abusó, además su padre la agredía físicamente.

"Cuando vino presentaba indicadores de desnutrición, de maltrato y traía heridas en su cuerpo”, cuenta López.

Pero estos no son los únicos casos, estas historias se repiten a diario en muchos hogares guatemaltecos, en los que a veces las niñas ni siquiera tienen la oportunidad de ser auxiliadas.

Cada vez son más

Estadísticas de la Procuraduría de los Derechos Humanos, de enero a septiembre de 2014, revelan que cuatro mil 446 menores fueron abusados sexualmente, de los que cuatro mil 48 fueron niñas y 398 niños. En 2013 se registraron cuatro mil 857 casos; cuatro mil 337 de niñas y 520 de niños.

Aunque la esperanza de ambas es volver a casa, porque creen que ahí serán felices, no será posible porque, “Pese a que dicen tener el apoyo de su familia, no es cierto. En el caso de Ana* sus padres recibieron dinero a cambio de no denunciar al agresor, y Heidy* era abusada y lastimada, incluso en presencia de su mamá, que nunca se atrevió a decirlo, por eso debemos encontrar a un familiar que se haga cargo de ellas cuando salgan de aquí”, expresó la psicóloga.

Según Norma Cruz, de la Fundación Sobrevivientes, solicitar la orden de captura del agresor puede tardar hasta un año y hay casos en los que se tardan hasta tres antes de iniciarse el juicio. “Durante todo ese proceso la menor debe permanecer lejos del agresor, con otro familiar o en un refugio, según lo indique el juez”, expresó.

En algunas de las habitaciones del refugio en el que se encuentran Ana* y Heidy, las niñas acostumbran a tener una biblia en sus camas.

En algunas de las habitaciones del refugio en el que se encuentran Ana* y Heidy, las niñas acostumbran a tener una biblia en sus camas.

Oliver de Ros

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Por generaciones

La psicóloga Sandra Luna, de Clínica Psinco, quien se ha especializado en casos de violencia sexual, explica que cuando existe abuso ocurre un desequilibrio interno en la persona, más cuando el agresor es un familiar, porque se traiciona la confianza.

“ El restablecimiento de una niña víctima de violencia sexual dependerá de la red de apoyo con la que cuente, necesita un lugar seguro, apoyo moral, psicológico y espiritual, el respaldo de la madre es fundamental”, dice Luna, quien reconoce que no todas las víctimas cuentan con ese apoyo, porque sus madres y abuelas también fueron abusadas y se vuelve un problema generacional.

“ En una de las historias más impactantes, la víctima describió que su padre la lanzó al suelo y la violó ante la mirada de su madre, quien estaba en la puerta de la choza en la que vivían y observó todo. Ella se preguntaba por qué no la ayudó, y con el correr del tiempo se dio cuenta de que su mamá fue abusada desde niña por su abuelo y que aún en la adultez seguía bajo ese yugo”, agregó Luna.

“ Escuché ruidos en la oscuridad y desperté, mi abuelo le decía a mi mamá ‘cállese, no haga bulla, eso no se hace, déjese’, encendí la luz y él (abuelo) estaba sobre mi mamá”, cuenta Luna de su paciente, quien también descubrió que su abuela fue abusada por su propio padre.

La educación es clave

Así se convive en el refugio en el que Ana* y Heidy viven junto con otras 17 niñas.

Así se convive en el refugio en el que Ana* y Heidy viven junto con otras 17 niñas.

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Luna dice que la falta de educación sexual hace que nuestra niñez sea vulnerable. “En casa no se habla de sexo, no se les enseña a las niñas que nadie las tiene que tocar, tampoco llamamos a nuestros órganos reproductores por su nombre. No hablar abiertamente de la sexualidad hace que se distorsione”.

“ En Guatemala el abuso sexual está minimizado en la sociedad, sumado a ello está el silencio de las víctimas, a quienes se les ha enseñado que ‘los trapitos sucios se lavan en casa’, además de que callan por las amenazas del abusador”, continúa.

Luna explica que muchas de las víctimas que resultan embarazadas son encerradas hasta que nace el bebé, al que los padres adoptan como parte de la familia.

Algunos tipos de abuso sexual son el exhibicionismo, comentarios de carácter sexual frente a la víctima, desnudarse o hacer que se desnude, tomar fotografías de contenido sexual, manoseo, cunilingüismo, felación, besar de manera íntima en la boca u otra parte del cuerpo a la menor, masturbarse frente a ella”, finalizó Luna.

Sueñan con volver a casa y tener un final feliz

Heidy*
“Hola. Tengo 12 años, lo que más me gusta de estar aquí es jugar y estudiar, me interesa la caligrafía y las matemáticas, aquí estoy bien pero quiero regresar con mi mamá”. ¿Y cuando llegaste aquí cómo te sentías? “Triste” ¿Por qué? Ella guardó silencio y su mirada quedó perdida por algunos segundos. Tiene apenas dos meses de estar en el refugio a donde fue enviada después de que en el centro de salud se die-ron cuenta que sufría de violencia sexual y que su madre no lo denunció. Fue abusada por su abuelo paterno y su papá la agredía físicamente. La psicóloga del refugio dice que tiene un leve retraso sociocul-tural y cuando llegó estaba desnutrida. Es originaria del departamento de Guatemala.

Heidy* es una de las más pequeñas en el refugio.

Heidy* es una de las más pequeñas en el refugio.

Oliver de Ros

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Ana*
Llegó desde Suchitepéquez, es una de las niñas de mayor edad en el refugio (16), y a pesar de que empezó a hablar muy animada, conforme contaba su experiencia, de la que no le fue permitido dar detalles debido a su progresión psicológica, su voz se apagaba. Fue abusada por un tío político, que les ofreció dinero a sus padres para que no lo denunciaran, producto de esa violación quedó embarazada y ahora no solo intenta superar el trauma vivido, sino que también busca establecer una buena relación con su hija. “A pesar de lo que me pasó le doy gracias a Dios porque me ha dado la oportunidad de seguir adelante, luchar por mi vida y por mi nena. Cuando vine me sentía triste, desesperada y enojada, pero he comprendido que no me puedo dar por vencida, trato de ser lo mejor para mi hija”, dice Ana*, quien, a pesar de su intento por ser optimista, el trauma por el que vive le ha afectado a tal punto de que antes de la entrevista, vomitó y tuvo mareos “por la tristeza”, dice. Ella asegura que su familia la apoya, pero la psicóloga Clara López dice que es porque no acepta que la familia omitió la denuncia por dinero.

Ana* fue abusada a los 13 años y producto de la violación tiene una bebé de 1 año y 5 meses.

Ana* fue abusada a los 13 años y producto de la violación tiene una bebé de 1 año y 5 meses.

Oliver de Ros

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* Nombre ficticio para proteger la identidad de las víctimas.

Análisis

Después del abuso...

Es importante que alguien que ha sufrido de violencia sexual esté al pendiente del momento en que su agresor quedará en libertad después de haber cumplido su condena no solo porque debe prepararse psicológicamente, sino además porque debe solicitar medidas de seguridad. Es normal que el victimario busque regresar a su casa y en muchas ocasiones vuelva a vivir bajo el mismo techo que la menor, en la misma aldea o colonia. Recientemente conocimos el caso de dos hermanas que fueron violentadas por su padre, quien después de cumplir su sentencia de 15 años, de repente tocó a la puerta y entró en su casa para reinstalarse, ellas entraron en pánico y pidieron medidas de seguridad, algo que también hizo su agresor para que no lo sacaran de su vivienda, por ser una persona de la tercera edad. Es importante que las víctimas no se desentiendan del caso por completo, porque después al ver a su agresor, regresa el dolor, el temor y la inseguridad, además porque hay condenas de solamente seis años.

Norma cruz, Fundación Sobrevivientes

Norma Cruz, Fundación Sobrevivientes.

Norma Cruz, Fundación Sobrevivientes.

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Señales de abuso sexual en menores

Cada persona responde a los estresores (factores que desencadenan el estrés) de diferente manera, y cada quien tiene sus recursos para afrontar situaciones traumáticas. Algunos de los indicadores que puede presentar una niña o niño, víctima de violencia sexual son:

Cambios significativos en su desempeño académico

Cambios en el sueño, hipersomnia (sueño excesivo prolongado y profundo) o insomnio

Cambios en su apetito

Cambios en su estado de ánimo, se le ve decaído, cuando era un niño (a) juguetón y alegre

Puede tener alguna marca en su cuerpo, que no estaba, un moretón, un rasguño poco usual

Puede volver a mojar la cama

No le alcanza el tiempo para llegar al baño y defeca en su ropa interior

Empieza a tener pesadillas, le da miedo dormir solo

Hay cambios sospechosos en sus rutinas

Puede tener dificultades para sentarse o para realizar sus actividades regulares

Demuestra conocimiento inusual sobre los genitales o la sexualidad

Puede sufrir de una enfermedad de transmisión sexual

Puede decir abiertamente que un pariente o una persona conocida está abusando de él o ella.

 

El proceso legal luego de la violencia sexual sobre una menor

Del agresor

• Si el agresor es parte de la familia, la madre debe denunciarlo o un familiar que conozca del hecho.

• La denuncia debe hacerse en el Ministerio Público, en donde el menor será examinado por un médico del Inacif, y sometido a una evaluación psicológica.

• Dependerá de los medios de prueba que presente el Ministerio Público para solicitar la orden de captura al juez. Si el acusado está en prisión, el MP tiene tres meses para investigar si está libre, hasta seis.

• Hay casos que tardan hasta tres años antes de iniciarse el juicio. Además de los medios de prueba que tenga el MP, dependerá de la eficacia de la investigación, en promedio se tarda un año en solicitar la orden de captura.

Sobre la víctima

• Si el agresor es un familiar cercano (padre, madre, tíos, hermanos) y la familia no lo denuncia, el niño será rescatado por la Procuraduría General de la Nación (PGN), y el MP, y enviado a un refugio si algún otro familiar no se hace cargo. Nunca será devuelto a su núcleo familiar.

En total 19 niñas conviven en el refugio.

En total 19 niñas conviven en el refugio.

Oliver de Ros

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• Si se sospecha que un niño sufre algún tipo de violencia, se debe llamar a la PGN, dar el nombre del agresor, del niño y la dirección exacta de la víctima, y las autoridades verifican la situación.

• Es importante que alguien que fue víctima de violencia sexual esté atento al tiempo en que finaliza la condena de su agresor, para estar preparado psicológicamente y solicitar medidas de seguridad.

 

¿Y los bebés?

• Las niñas no están obligadas a quedarse con los bebés que nacieron producto de la violación.

• Las menores son enviadas al Consejo Nacional de Adopciones, que tiene un programa de mujeres en conflicto con su maternidad. Si después del proceso de rehabilitación y las terapias psicológicas, continúan con el deseo de entregar al bebé, deben ir al Juzgado de la Niñez, expresarlo y el Consejo Nacional de Adopciones se encargará del proceso.

Si un familiar o un vecino tiene la intención de quedarse con el bebé, debe hacerlo por medio del Juzgado de la Niñez, de lo contrario puede ser considerado como delito de trata de personas.

*Con información de Fundación Sobrevivientes y Sandra Luna, Clínica Psinco.

 

4,446

casos de violencia sexual a menores registró la Procuraduría de los Derechos Humanos, de enero a septiembre de 2014.

 

91.5%

fueron violaciones a niñas y 8.95% a niños, en edades entre 1 y 17 años. Las menores de 14 fueron las más violentadas, con 863 casos. En los niños, fueron 40, de 6 años.

 

1,325

violaciones a menores se registraron en el departamento de Guatemala, de los que 1,159 fueron a niñas y 166 a niños.

 

372

casos se registraron en Escuintla, el segundo departamento con cifras más altas: 344 de sexo femenino y 28, masculino.