Ambiente. Dos indocumentados aprendieron a cosechar árboles en Estados Unidos, una mujer ofrece pinabete en maceta y un poblado protege “La puerta del cielo”, un bosque de más de 200 años.

    

Finca Pologua en Totonicapan.

Finca Pologua en Totonicapan.

Wendy Morataya

Foto:

A principios de 1998 Victor Ajanel tenía 14 años cuando viajó indocumentado a Estados Unidos. Los gastos que hizo durante el peligroso trayecto eran parte de los ahorros de sus padres y recuerda que uno de los trabajos que hizo al pasar la frontera fue cuidar cientos de árboles en un enorme vivero en Houston donde perfeccionó la técnica que utiliza ahora en su cosecha de pinabete.

En la finca Pologuá crecen 20 mil árboles de la especie Abies guatemalensis que fueron sembrados en 2007 cuando Ajanel regresó a Guatemala. “En el avión que viajé me tracé la meta de cosechar pinabetes”, comentó cuando brindaba un recorrido en su plantación ubicada en la aldea San Antonio Pasajoc, Momostenango, Totonicapán.

Mirna Pivara, en La casa del pinabete.

Mirna Pivara, en La casa del pinabete.

Wendy Morataya

Foto:

La cosecha de Ajanel comenzó a “dar frutos” hace cuatro años cuando fueron cortados los primeros abetos de un metro con 70 centímetros. Recorrer la plantación de Ajanel en el altiplano es olvidarse de la cotidianidad capitalina, el tráfico y el celular. La cobertura no existe. El olor que caracteriza se puede percibir y un grupo de trabajadores con tijeras en mano poda los árboles.

Un vivero que está a la orilla de la carretera Interamericana, en Totonicapan, ofrece los árboles de pinabete de un metro con 20 centímetros en macetas. “La idea no fue nuestra sino de los clientes”, reconoce Mirna Pivaral, propietaria de La casa del pinabete. Los visitantes le preguntaban cada fin de año si iba a vender pinabete y lo hacía. Algunos le decían que “era triste” saber que un mes después todos iban a parar al basurero o sus hojas secas servían de abono.

La señora pudo recibir capacitación y sembró las primeras semillas. “Aprendí que de cada 100 solo 25 o 30 germinan y la mitad crece y termina en un árbol”, explica Pivaral mientras revisa la plantación y conversa con algunos visitantes.

Cada vez que alguien compra un pinabete en maceta conel marchamo blanco escucha el consejo de doña Mimi, como prefiere que sea llamada: “Felicidades porque ha adoptado a un hijo. Ahora a cuidarlo para que esté muchos años a su lado”.

  

En el altiplano

La vida de Arcadio Figueroa cambió cuando le ofrecieron un empleo temporal para podar árboles en Connecticut, Estados Unidos. Era un inmigrante y pudo ahorar un dinero para adquirir un terreno en la aldea Buena Vista Magdalena, Chiantla, Huehuetenango.

Arcadio Figueroa en Chiantla

Arcadio Figueroa en Chiantla

Wendy Morataya

Foto:

En 2004 plantó las semillas de pinabete y desde hace cuatro años comenzó a venderlos. El inconveniente no es el cuidado sino el traslado de los árboles porque debe manejar por una carretera intransitable, montañosa y con laderas peligrosas.

La atracción cada 1 de noviembre en Todos Santos Cuchumatan es la tradicional “Carrera de caballos” y lo que pocos saben es que a siete kilómetros está un bosque que tiene más de 200 años que es llamado La puerta del cielo porque está lo más alto del país a más de 3 mil 200 metros de altura.

Bosque de más de 200 años en Todos Santos Cuchumatan.

Bosque de más de 200 años en Todos Santos Cuchumatan.

Wendy Morataya

Foto:

El clima húmedo acompañado de una densa neblina se mezcla con la tranquilidad al recorrer un sendero de un kilómetro acompañado de los guias. Son siete mil 255 hectáreas de bosque que conservan miles de árboles de pinabete. La población mam protege el lugar porque a cambio recibe “bendicionesen sus cosechas de papas y tomates.

Protección

450

agentes de la División de la Protección a la Naturaleza de la Policía han sido desplegados a las carreteras para evitar el tráfico de ramillas.

Dato

“Existen 27 mil 548 hectáreas de bosque de pinabete en el país que están en áreas protegidas”.

Enrique Mérida, Conap

Análisis

“El pinabete no está en extinción”

El pinabete es conocido en el país como Pashac, Pacachac, Tzinchaj o Cruz Chaj. El árbol puede alcalzar hasta los 50 metros de altura y un metro de diámetro. Solo crece en altitudes de dos mil 400 a tres mil 800 metros sobre el nivel del mar.

Desde 1997 se ha venido trabajando en la implementación del cuidado de la especie con el esfuerzo de los pinabicultores y las autoridades sin olvidar que las personas han adquirido conciencia en comprar árboles con marchamo.

El pinabete no está en extinción aunque la pérdida de su habitat debido a los cambios en el uso de los suelos, el pastoreo de ganado, los incendios forestales y los más dramático el corte de la ramilla para fabricar los árboles navideños.

Es importante recordar a la población que solo se produce y germina el 60 por ciento de la semilla.

Con las opciones de comprar un árbol o las coronas en los lugares adecuados se estimula el cuidado y el manejo sustentable de la especie que caracteriza la Navidad.

Mynor Pérez

Director regional del Instituto Nacional de Bosquez (Inab) en la región de occidente

 

 

 

Bosque de más de 200 años en Todos Santos Cuchumatan.

Bosque de más de 200 años en Todos Santos Cuchumatan.

Wendy Morataya

Foto: