Rocky, un perro de raza Rottweiler, es el primero en ser “condenadoa morir por la inyección letal. Un juez autorizó la pena capital por haber matado a una niña de 10 años.

La mañana del 21 de noviembre la niña Keily Maricuz Moreno Enríquez salió de su casa en el caserío El Mango, en Oratorio, Santa Rosa a buscar una de las vacas de sus padres. El rumiante había abandonado al grupo y comía pasto lejos del resto.

Keily notó que la vaca había llegado hasta un aserradero cercano y corrió sin darse cuenta que el perro Rocky la había olfateado.

Cuando la niña se acercó hasta donde estaba la vaca fue atacada por el perro guardián. Los gritos alertaron a algunos vecinos, aunque ya no pudieron impedir que la mordiera y le provocara la muerte.

La condena

El caso llegó hasta el Juzgado de Paz de la localidad. Orlando Paiz, titular de la judicatura, explicó que es el primer caso que conoce de ordenar la muerte del perro. “Es una situación atípica”, mencionó.

El personal del Centro de Salud debía inyectar un poderoso sedante al perro el 4 de diciembre para “provocarle” un paro cardíaco, aunque se suspendió porque se “carecía de la sustancia”.

Entonces el juzgador trasladó la ejecución para el 9 de diciembre.

El dueño del perro, Billy Ludwing Divas Medrano explicó que pagó una multa de Q8 mil 700 por carecer de una licencia para tener a su mascota.

El veterinario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, David Meléndez pudo enterarse del caso y le sorprendió que "por descuido" se lamente la muerte de una niña. "En cuanto a la muerte, es algo que está ordenado, aunque nadie lo hace. De cualquier forma, dormir a un animal es la manera más acertada para evitar que vuelva a morder a otra persona".

El juez hizo énfasis en que existió culpa de los padres y del dueño del perro.

Lo que explica la ley

El perro debe estar a dos metros de distancia de la baranda de la vivienda de su dueño, quien debe tramitar una licencia en Gobernación Departamental y mantener un letrero que informe a la ciudadanía “el peligro del perro”.

En el reglamento de salud, el artículo 41 detalla que “se le debe aplicar al perro una inyección letal que lo adormece y luego le cause la muerte”.